El Necronomicón, o cómo contar milongas

http://img1.fantasticfiction.co.uk/images/x0/x1263.jpgHace un tiempo me topé con un podcast de Milenio 3 en el que hablaban de libros prohibidos. En él, se citaba de manera reiterativa el Necronomicón. Un supuesto “experto” contaba que era un libro falso, que estaba encuadernado y escrito con piel y sangre humanas respectivamente, y que se guardaba en la Universidad Miskatonic, ficticia también, situada en Arkham. Hasta ahí todo puede sonar acorde -- aunque hay fallos clamorosos. Lo que dijo a continuación casi me provoca un desprendimiento total de mandíbula. Fue algo así como “Además es muy curioso, porque la gente va a Arkham buscando la Universidad Miskatonic, y la gente del pueblo le tiene que decir que no existe en realidad”. Arkham es una ciudad TAMBIÉN ficticia. Que me diga el “experto” en qué ciudad esta preguntando la gente, porque es que ni siquiera los estudiosos de Lovecraft se ponen de acuerdo para saber en qué ciudad se basa Arkham. Es como si digo que la gente se acerca a la Atlántida a buscar el Santo Grial. Creo que mojé la cama de risa.

Les mandé una carta cagándome en los dioses nórdicos, diciéndoles que no mintieran, y que era tan fácil como mirar en la Wikipedia. Que menudos periodistas de pacotilla y bla bla bla. Ni me contestaron. Ya sabemos que Iker Jiménez no es famoso por su rigor.

Ayer me acordé del tema, y encontré un vídeo de Cuarto Milenio donde volvían a hablar de los libros con piel humana (parece que se les acaban los temas). Me di cuenta de que quizá leyeron la carta, porque no volvieron a mencionar Arkham, pero siguen trayendo a expertos que tienen menos idea de lo que hablan que yo de bailar un tango. Os dejo el vídeo.

Mar Rey Bueno, la supuesta experta, empieza la intervención diciendo que el Necronomicón procede de una ficción literaria, en concreto un relato de Lovecraft. Quizá se refiera al relato Historia del Necronomicón, que es el único en el que Lovecraft se centra en describir el libro. Pero justo después asegura sin despeinarse que “se dice” que el libro está encuadernado en piel humana y escrito con sangre humana. Señora… ¿Se ha leído usted el relato que acaba de mencionar? Porque no hay ni rastro de lo que usted acaba de decir. Si quiere amedrentar al personal, puede decir que el supuesto escritor, Abdul Alhazred fue devorado por un monstruo delante de unos cuantos testigos en mitad de una plaza en Damasco. Pero no, suelta una trola monumental que queda muy bien para darle al libro un aire fantasmagórico, aunque el rigor se resienta varias décimas.

Lo malo es que la jodía no se calla, y sigue dando descripciones erróneas. Literalmente dice un libro que era capaz de atraer a los muertos al mundo de los vivos. Ya está claro que esta mujer no ha leído un carajo. Sabe que en griego: nekros = muerte, nomos = ley y  eikon = imagen, y 1+1 son 2 y aquí suelto la burrada y a ver quién me dice que no. El libro de las leyes de los muertos. Vamos, el grimorio de un nigromante. ESTA SEÑORA DICE QUE EL NECRONOMICÓN ES EL LIBRO DE HECHIZOS DE UN NIGROMANTE. Me DES-CO-JO-NO.

Pongo aquí un pequeño resumen de para lo que se suponía que servía el Necronomicón en realidad:

Según H.P. Lovecraft, el Necronomicón es un libro de saberes arcanos y magia ritual cuya lectura provoca la locura y la muerte. Pueden hallarse en él fórmulas olvidadas que permiten contactar con unas entidades sobrenaturales de un inmenso poder, los Antiguos, y despertarlas de su letargo para que se apoderen del mundo, que ya una vez fue suyo.

Lo he copiado tal cual de la Wikipedia española, pero es completamente correcto. Con el Necronomicon despiertas a Cthulhu, a Azathoth, a Nyarlathotep. ¿Despertar a los muertos? Eso es tan dañino como un pedo de bebé comparado con lo que puede suponer invocar a uno de esos extraterrestres antes mencionados.

El caso es Iker Jiménez presenta a la colaboradora con esta frase: pocas personas en este país saben más de libros malditos que nuestra amiga Mar Rey Bueno

Sabe lo mismo que aquel que decía que la gente preguntaba en Arkham por la Universidad Miskatonic. Es decir: UNA MIERDA.

Etiquetas: , , , , ,

Cuento: Dirección a la sierra

Desperté pronto. Hacía muy poco que el sol se había asomado a Madrid, y como todas las mañanas, echaba de menos el sonido del tráfico. Miré por la ventana de la terraza, y con sumo cuidado la terminé de abrir. Me asomé a la calle, y como de costumbre, todo estaba en su lugar. La vespa roja con las llaves puestas frente al Starbucks, la escopeta descargada en el banco del parque junto al bar de tapas, y la mochila azul con latas de conserva junto a la tercera farola de la acera de la derecha. Objetos que servían de cebo. Si alguna vez faltaba alguno de ellos significaría que alguien estaba vivo ahí abajo. El viento venía del norte, y mecía las hojas de los árboles en las aceras. Ese era el único sonido que se podía oír. Ni pájaros, ni aviones, ni helicópteros, ni pitidos de coche, ni persianas levantándose o motos acelerando. Nada. Meses en soledad, con nadie a quien hablar o escuchar. Miré al cielo. Estaba despejado. Quizá era buen día para coger la moto e ir al norte a por provisiones.

 

Me aseé con agua y jabón las axilas y la entrepierna, y me vestí con ropa de camuflaje que conseguí en una tienda de montaña, no lejos del piso. Decidí no afeitarme, pues no quería malgastar el agua sin antes disponer de otra buena reserva. Una vez llegara a algún pueblo de la sierra debería buscar un coche grande y cargarlo de botellas, para al menos otros quince días. Cogí el iPod, y vi que aún le quedaba batería. Seleccioné rápidamente la misma canción de todas las mañanas. Turnedo sonaba a todo meter en mis oídos, y como si fuera un ritual acostumbrado mientras me lavaba los dientes, rompí a llorar como un niño pequeño. Pensaba en abrazar a mi madre, a mi padre, a mi hermana y a mi novia. Jugar al fútbol otra vez con los amigos, e ir al cine con María a comer palomitas. Pero cuando volví a darme cuenta de que jamás lo volvería a hacer, pensé en rezar. Rezar e imaginarme que si moría volvería a verlos. No creía en Dios, pero empecé a tener fe en un final feliz. Y haciendo algo que automáticamente hacía todos los días, cogí el revólver y fantaseé con pegarme un tiro en la boca abrazando el cañón con mis labios, como si estuviera fumando un puro. Qué más daba. Nadie me echaría de menos. A veces incluso deseaba que algo me asustara y apretara el gatillo sin querer. Pero siempre salía al paso algún bello recuerdo, como mi madre sirviendo la cena en Nochebuena, o mi novia nadando desnuda en aquella cala de Cádiz, y me entraban ganas de vivir, aunque sólo fuera para descubrir qué fue lo que las mató, a ellas y a los demás. Hacía tiempo que lo tenía decidido. Averiguaría qué había pasado y después abandonaría este mundo, satisfecho como un anciano al que ya no le da miedo la muerte.

 

Y la playa llora y llora

Y desde mi casa grito

Que aunque pienso en abrazarte

Que aunque pienso en ir contigo

El doctor me recomienda

Que no me quite mi abrigo

Que no esté ya más contigo

Y yo no puedo negarme pues

El tipo soy yo mismo

Estudié mientras dormías

Y aún repaso las lecciones una a una

Cada día

Yo no puedo aconsejarte

Ya es muy duro lo que llevo

Dejemos que corra el aire

Y digámonos adiós.

 

Escribir en el diario aliviaba mi desconcierto. Sabía que mi estabilidad psicológica estaba muy comprometida. Antes del incidente jamás había pensado en suicidarme, y siempre había sido un chico feliz; pero perder todo lo que más quería de la noche a la mañana y la imposibilidad de hablar con alguien me había hundido moralmente. En ocasiones me sorprendía a mí mismo hablando con los muebles del ático donde vivía. Antes de sentarme en el sofá siempre le pedía permiso. Era un breve – ¿Te importa? Lo mismo pasaba con la estantería, bastante más elaborado. Antes de coger un libro le pedía consejo. – ¿Quién crees que es mejor autor?, le preguntaba con soltura. – ¿William H. Hodgson o Robert E. Howard?. Y a veces me recomendaba leer a Le Fanu, o a Bram Stoker. Una vez la estantería me dijo muy resuelta – Drácula es un gran libro, pero puede que quieras echarle un vistazo a Melmoth el errabundo. Y lo leí, convencido de que la estantería debía tener buen criterio, pues tenía que haber leído muchos libros. Sabía que no tenían vida, pero necesitaba que la tuvieran. La locura me consumía, y ya hacía semanas me había dado cuenta de que no quería que me abandonara.

 

Terminé de lavarme los dientes y acoplé el revolver en su funda, colgada del cinturón, no sin antes limpiar el cañón de pasta de dientes. Me acerqué a la terraza, y tras otro vistazo al cielo decidí que cogería la Yamaha e iría a Colmenar Viejo, o quizá a Soto del Real. Necesitaba encontrar una casa en el norte donde almacenar víveres, armas, gasóleo y vehículos en caso de correr peligro en la ciudad. Además, estaba planeando viajar a alguna ciudad cercana a Madrid y averiguar si había alguien vivo allí. Me daba miedo pensar en ello, pues aunque odiaba la soledad, algo dentro de mí me decía que estaría más a salvo si estaba solo. Antes de revisar mi mochila procedí a buscar en mi iPod God’s Gonna Cut You Down. Hacía tiempo que me había dado cuenta de que, en cierta manera, era preso de mis rituales. Había cogido un trastorno obsesivo compulsivo, o eso decían los libros de psicología que cogí prestados en La Casa del Libro, mientras la calavera de un dependiente me miraba de manera inexpresiva desde el suelo.

 

Miré en todos los bolsillos de la mochila con atención. Machete, dos linternas, diez pilas de todos los tamaños, tres mecheros, vendas, esparadrapo, alcohol, cuerda, una escopeta, gafas de sol, chicles, agua, tres cargadores de pistola, tres bombines para el revólver, una caja con 20 cartuchos de escopeta, dos destornilladores y una palanca. Además, en el cinturón un revólver en una funda, y una pistola semiautomática en otra. Todo mientras Johnny Cash cantaba con parsimonia:

 

 

You can run on for a long time

Run on for a long time

Run on for a long time

Sooner or later God’ll cut you down

Sooner or later God’ll cut you down

 

Go tell that long tongue liar

Go and tell that midnight rider

Tell the rambler, the gambler, the back biter

Tell ‘em that God’s gonna cut you down

Tell ‘em that God’s gonna cut you down

Tell ‘em that God’s gonna cut you down

 

Cuando hube terminado dejé el iPod en la mesa. Abrí la puerta del piso con la pistola asomando en primer lugar, y cuando comprobé que todo estaba silencioso cerré tras de mí. En realidad no debería temer que alguien me sorprendiera cuando abandonaba el piso, pues hasta donde yo sabía todo el mundo estaba muerto, pero no dejaba de pensar en que si había más gente como yo, probablemente querrían matarme. Los recursos eran finitos, y yo era un consumidor de ellos. Siempre que pensaba en esto me acordaba de los documentales de La 2, cuando hablaban de grandes felinos, vigilando su territorio cerciorándose de que ningún otro felino se acercara. Me parecía tan primitivo aquel entonces… y sin embargo…

 

Bajé por las escaleras en silencio hasta la calle. Desde allí me escabullí hasta un garaje cuatro manzanas más allá. Si alguien me veía aparcar la moto no quería que descubriera dónde vivía. Sabía que el ruido de la Yamaha resonaría en todo el barrio, pero no podía permitirme el lujo de consumir mucha energía en correr, o ir en bici. La moto era la manera más rápida y más ágil para moverse entre la maraña de coches parados que poblaba la ciudad. Es curioso, porque por un lado tomaba muchas preocupaciones para no ser oído cuando iba a pie, pero cuando iba motorizado no me importaba tanto. Era un mal necesario, me justificaba siempre que lo pensaba.

 

Arranqué la moto, me puse el casco, y sorteando los pocos coches que había en la calle subí la Castellana a toda velocidad en dirección a la sierra.

Etiquetas: , , , ,

Lovecraft hablando de Dios

Para los que no lo sepan, H. P. Lovecraft era un ateo convencido. Y eso no era nada común en los años 20 en Nueva Inglaterra, donde la inmensa mayoría profesaba una uotra religión, normalmente la cristiana en sus vertientes católica y protestante. Ayer, leyendo su primer volumen de cartas, me encontré con una declaración sincera sobre lo que pensaba del tema. Es una pequeña parte de una extensa carta a Maurice W. More. Lo traduzco directamente al español. El original en inglés lo podéis encontrar el Selected Letters Vol. I de H. P. Lovecraft, en la editorial Arkham House.

A Maurice W. Moe
15 de mayo, 1918

[...] ¿Qué soy? ¿Cuál es la naturaleza de mi energía, y cómo me afecta? No he visto nada hasta ahora que pueda darme una noción de que la fuerza cósmica es la manifestación de una mente y que ésta sea infinitamente superior a la mía; una conciencia potente y determinada que trata individualmente y directamente con los infelices ciudadanos de una mísera insignificancia sobre la puerta trasera de un universo microscópico, y que elige a esta pútrida excrescencia el lugar donde mandar a su Hijo creado con una sola misión: redimir a todos estos malditos piojos habitantes de una irrelevancia, que llamamos seres humanos – ¡bah! Perdone el “¡bah!”. Siento varios “¡bahs!”, pero por cortesía sólo expreso uno. Pero es todo tan infantil. No puedo tomar como excepción una filosofía que me fuerce a introducirme toda esta basura por la garganta. [...]

Creo que queda claro cuál es su opinión en general sobre el cristianismo. Para los que no conozcan a Lovecraft, no penséis que es un loco arrogante. Su personalidad y su ego le hacen escribir  mordientemente sobre lo que cree que no tiene sentido. Era arrogante sólo cuando estaba convencido de que lo que decía era cierto… y era así en la mayoría de las ocasiones.

Ya iré traduciendo más cositas de mi autor favorito.

Etiquetas: , , , ,