Archivos de Octubre, 2006

La madre de mis hijos

Por si no lo he dejado claro en el pasado, lo vuelvo a decir. Este pibón es el de mis sueños… Por favor Dios… quiero una novia así de guapa. Llamadme materialista… pero así de guapa…

Mareeeee

Yo tambien te quiero

Lo que tu digas amor...



[tags]Kate Beckinsale, Diosa, madremiaquemujer[/tags]

Wildcat

El Wildcat no fue el primer garito de copas donde entramos en Estados Unidos, pero sí fue el primero que nos dejó ver la cantidad de pibones que hay en California. Deshaceos de esos mitos que dicen que las mujeres americanas son en su mayoría trolebuses. Como diría un amigo mío: “¡Los cojones!”.

El Wildcat está en Santa Bárbara (¡coño!, ¡¡si tiene página web!!). Aquella noche cogimos el motel en Carpintería, pero decidimos dar una vuelta. Consultamos el GPS, y nos llevó hasta este lugar. Siendo un miércoles como era, no teníamos mucha esperanza de que hubiera algo abierto… pero nos equivocamos. La entrada al local era chiquitita, pero un cartel de neón sobre la puerta daba a entender que no iba a ser cutre. El puerta nos pidió los “ID” (para saber si teníamos menos de 21 años), y una vez comprobados los pasaportes nos dejó entrar. Nada más entrar, la primera impresión que tuve fue de antro de putas, porque todas las paredes estaban acolchadas en rojo, y muchas de las luces eran del mismo color. No teníamos ganas de salir y buscar otro, y además la música parecía buena, así que nos quedamos. Le pedí a la camarera dos Coronas (en Estados Unidos la Coronita se llama Corona) y una Coke, y nos fuimos junto a una columna donde podíamos colgar los abrigos.

Poco a poco nos fuimos acostumbrando a la decoración del local, y empezamos a observar a la gente. Muchos se conocían, casi todos diría yo. Es como si el Wildcat fuera un local donde vas a tomarte una cerveza con los amigos después de currar. Al principio no había mucha gente, pero después se empezó a llenar. Pero de pibones. Entraron unas cuantas vestidas de pijitas que nos dejaron medio tontos. En especial había una morena con una camiseta como de marinero que además bailaba como una Diosa. Y con ese apodo la dejamos: “La Diosa”. Recuerdo un chaval negro que estaba apoyado en una de las columnas junto a la nuestra. No hacía más que mirarnos cómo bailábamos… y allí estaba, solo con su copa. Pensé que se tenía que estar aburriendo mucho. Un rato después descubrí que estaba bailando con uno de los pibones, y encima dando clases de baile, porque bailaba el cabrón… que la gente le miraba y todo. A destacar el DJ, que empezó a pinchar un rato después de que llegáramos nosotros. Buenísimo. Mezclaba canciones “disco” con una soltura que parecían todas una.

Ese garito nos dio unas cuantas lecciones. La primera fue arrancarnos el tópico de que las mujeres americanas están casi todas gordas. La segunda fue que los americanos tienen mucho gusto al vestir. Yo, que pensaba que me iba a encontrar a la mayoría con chanclas y calcetines, vi que iban bien conjuntados, y encima con ropa muy guapa. La última, y quizá la más importante creo que fue darme cuenta de que la vida en Estados Unidos no es tan diferente de como la imaginaba en España. No somos los únicos que salimos cualquier día de la semana. A los americanos también les gusta la fiesta un miércoles, y el Wildcat me lo dejó claro.

Por desgracia, no sacamos la cámara de fotos aquel día. Os pongo otras significativas. Perdonad la tardanza en actualizar. He tenido jodido internet unos cuantos días.

Llegando a Santa Bárbara

Llegando a Santa Bárbara…

Paco recién lavado

Nuestro coche personalizado, bautizado “Paco”, recién lavado tras pasar por Chowchilla Mountain Road (ya os contaré).



[tags]Santa Barbara, Carpinteria, Wildcat, California[/tags]

Andy Belleza

Un mes es mucho tiempo. Muchas experiencias, momentos, anécdotas, vivencias… demasiadas quizá para narrarlas punto por punto en este diario. No me gusta escribir aquí mis días como si fueran una retransmisión de fútbol. Prefiero quedarme con los mejores momentos y sacarles todo su jugo. Por eso no voy a hacer un repaso a todo lo que me aconteció en USA. Más bien iréis saboréandolo en forma de anécdotas y sucesos que me han ocurrido, y que todos ellos para bien, me han dejado huella. Hoy empiezo con Andy Belleza, un recepcionista del Holiday Inn de San Francisco que tuvo el honor de ser el primero de una larga lista.

En realidad, Andy Belleza no hizo nada remarcable por lo que pudieramos recordarle. Más bien fue su padre, o más concretamente su apellido (que es un despelote) lo que nos hace recordarle ahora. No sé cuándo ni dónde nació, pero andará por los cuarenta y sus rasgos le acercan hacia el asia oriental… puede que Filipinas (por el apellido es más que apostable) o Tailandia. Su inglés es un poco raro. Tanto que tuvimos que preguntarle varias veces qué decía cuando nos hablaba sobre los pormenores de alquilar una habitación allí. Sólo le vimos una vez… que fue cuando llegamos. Durante los tres días siguientes no coincidimos con él. A pesar de haberle visto sólo durante cinco minutos, fue suficiente como para recordarle todo el viaje… sobre todo por una canción que me inventé justo cuando David y yo salíamos del agua de la playa de Santa Mónica que dice así (en tono canción de afición futbolera):

Dónde está Andy Belleza, Andy Belleza dónde está (bis)

Ese bis es infinito, y puedes repetirlo todas las veces que quieras. Eso sí, levanta siempre una mano con el dedo índice extendido como si señalaras algo mientras la cantas. A nosotros nos sirvió a modo de celebración siempre que estábamos especialmente contentos por algo. Esa noche, por cierto, visitamos un Hooters para tomar una birra. Ya hablaré más de esta cadena de restaurantes. Qué pibones… Dios… qué pibones…

Chicas del Hooters de San Francisco (California)



[tags]San Francisco, Holiday Inn, Hooters, Santa Mónica[/tags]