En este puente de mayo he tenido dos sueños un tanto extraños, ambos relacionados con mi viaje a EE.UU.
En uno de ellos, recuerdo que estaba con Orum y con otra persona que no conozco, e íbamos a la casa de un amigo de esta última, en Gijón. Entramos en su casa y no recuerdo qué hicimos allí. Lo único que conservo en la mente es que fuimos a la playa de Gijón (nunca he estado allí), y mientras Orum se bañaba y el otro chaval deambulaba por ahí, yo miré la hora, comprobando con horror que quedaba una hora y media para que saliera nuestro vuelo a San Francisco. Casi tirándome de los pelos (de los huevos) se lo dije a los otros dos, a sabiendas de que ya era imposible llegar a Madrid a tiempo. Me desperté jodido, pensando en lo idiota que era por haberme ido a la playa el mismo día que salía nuestro vuelo a USA.
Hoy he vuelto a soñar con el viaje, pero de manera diferente. He soñado que no alquilábamos el coche a una empresa profesional, como Hertz o Avis, sino que se lo alquilábamos a los dueños de una gasolinera. Estuvimos probando cómo conducir en modo automático, entre otras cosas. Más adelante, el sueño se mezcló con cosas del curro… y se perdió la base del viaje.
Todo esto me hace pensar que seguramente tenga ya una pasión obsesiva y enfermiza por el viaje. Tanta ilusión creo que no puede ser buena, porque… ¿y si luego el viaje no responde a mis expectativas? ¿y si resulta que EE.UU no me va a gustar?
¿Será bueno pensar tanto en el viaje?
Chicane feat. Tom Jones – Stoned in Love
[tags]sueño, Gijón, playa[/tags]
