Historia

La verdad sobre John Smith

Desde La Habana, la expedición navegó hasta divisar tierra el 25 de mayo de 1539 y desembarcar en la bahía de Tampa, a la que llamaron del Espíritu Santo. Desde ese punto, Soto se internó en la parte occidental de Florida con la intención de llegar al territorio de Apalache, junto al golfo de México. Fue la primera etapa de una expedición que en menos de cinco años recorrió gran parte del sureste de Norteamérica y atravesó los actuales territorios de Florida, Georgia, Carolina del Sur, Tennessee, Alabama, Misisipi, Kentucky, Missouri, Arkansas Texas, Luisiana, Indiana, Ohio e Illinois, hasta la región de Chicago, junto al lago Michigan. Un viaje alucinante del que muchos no volvieron, y que abrió a los españoles gran parte de lo que son ahora Estados Unidos.

En el área de Tampa, los expedicionarios encontraron a un Juan Ortiz, superviviente de la expedición de Narváez prisionero de los indios, que les sirvió de intérprete. Los españoles quedaron sorprendidos cuando, al cargar contra un grupo de indígenas oyeron la voz de un hombre que gritaba en castellano: “¡Soy Cristiano! ¡Soy Cristiano! No me matéis”. El cristiano con aspecto de aborigen resulto ser Ortiz, nativo de Sevilla y cautivo de los indios desde hacía varios años. Soto le proporcionó ropas y un caballo y le nombró su ayudante personal.

Ortiz se había salvado de morir gracias a la intervención de una hija del cacique indio de la tribu Ucita, que impidió que lo quemaran vivo y al parecer se enamoró de él. Esta historia, copiada del relato anónimo que el cronista de Elvas dejó escrito, fue divulgada por los anglosajones 200 años después para forjar la leyenda de la princesa Pocahontas, popularizada por el cine.

Parte correspondiente a la expedición de Hernando de Soto, en el libro que me estoy leyendo: Banderas Lejanas. Llevo menos de cien páginas, pero sólo por lo que ha merecido la pena ya os recomiendo compraros el libro. ¿Y es cosa mía o se parece mucho el nombre Juan Ortiz a John Smith (el inglés del que se enamora Pocahontas)?.

No nos conocemos

Extermination Camp of Sobibor, Poland
Creative Commons License photo credit: Emmanuel Dyan

La gente me preguntaba: ¿Qué has aprendido?, y lo cierto es que yo sólo estoy seguro de una cosa: nadie se conoce a sí mismo. La misma persona educada a la que encontramos en la vía pública y que, al preguntarle dónde está la calle Tal, recorre media manzana para mostrárnoslo con ademán atento y afable, puede convertirse, en circunstancias diferentes, en el peor de los sádicos. Nadie puede decir que se conozca a sí mismo. Todos podemos ser buenos o malos en [distintas] situaciones. A veces, cuando alguien se comporta conmigo de un modo amable, me sorprendo pensando: ¿Cómo sería en Sobibór?

Palabras de Toivi Blatt, superviviente del Holocausto. Logró fugarse del campo de concentración de Sobibór.

Fuente | Auschwitz, de Laurence Rees

El perro Paco

El perro Paco podía haber sido un chucho cualquiera de los muchos que malvivían en el Madrid del s. XIX, pero quiso el destino que por unos años fuera el perro más famoso y más querido de España. Os cuento por qué.

La historia se remonta a 1879. En el café Fornos, situado en la esquina entre las calles de Alcalá y Virgen de los Peligros (en su lugar, en Alcalá 21, hay hoy otro café, por nombre Starbucks, pero su glamour no es el mismo), solía cenar con sus amigos el marqués de Bogaraya, borbónico hasta las cejas y hombre de nobleza situado en las altas esferas. Aquella noche, el perro Paco no había encontrado nada aprovechable, y el delicioso olor que salía de la puerta de Fornos le indujo a entrar. Su osadía le llevó hasta las piernas del Marqués, que en vez de darle un puntapié le ofreció generosa ración de carne, pues le resultó simpático el negro can.

El perro Paco fue la noche siguiente al mismo lugar por si la suerte caía de su lado otra vez. El marqués, asiduo a Fornos, volvió a dar de cenar al chucho mientras lo acariciaba y reía con sus amigos. Pronto, el perro Paco se convirtió en invitado de honor en el café Fornos, y nadie osaba regañarle por entrar, mas le permitían la entrada si le veían esperando, pues el marqués era su amigo, y en el café Fornos, como en casi todos sitios, quien manda es el cliente (y más si es bueno).

Madrid empezó a conocer la historia del simpático can, y su fama le abrió las puertas de todos los cafés y teatros de la capital. Se convirtió en pocos días en el perro más famoso del país. Todos querían tocarlo, acariciarlo, y sin duda los dueños de los comercios le agasajaban con sus mejores viandas, pues se decía que el perro Paco sabía dónde se comía bien, y a los comerciantes les interesaba decir que el perro había entrado en su local. Se crearon productos con el nombre del perro, e incluso en un periódico local un periodista escribía una columna firmada por el perro Paco, donde, bajo un punto de vista canino, se criticaba al gobierno y se comentaban los problemas de la época. También entraba a los teatros, incluido el magnífico Apolo. Si los actores lo hacían mal, el perro Paco ladraba críticamente, a lo que el público respondía con un sonoro abucheo por la mala actuación.

En la tarde del 21 de junio de 1882, el perro Paco, que había ido a ver los toros, se sintió defraudado con la mala corrida que estaba haciendo un novillero, y se lanzó al ruedo para ladrarle, a lo que el público, como era habitual, acompañó con pitos y gritos de “fuera, fuera”. El novillero se puso más nervioso aún, y queriendo alejar al can le asestó una estocada que dejó al público mudo, y al perro herido de muerte en el ruedo. Cuenta la historia que la policía tuvo que proteger al novillero del linchamiento que se le venía encima.

El empresario teatral Felipe Ducazcal recogió al perro, y lo llevó a los mejores veterinarios, pero nada pudieron hacer por su vida, pues a los pocos días murió, y con él, la mayor unión que el pueblo de Madrid tuvo jamás con un perro. Al día siguiente fue enterrado en el Retiro, y muchos lloraron su ausencia. En las corridas ya no se oyeron más sus ladridos, y los actores malos pudieron hacer sus malas obras sin su peor crítico entre el público.

El paradero de la tumba del perro Paco se desconoce en la actualidad.

Foto | un extraño en md
Google Maps | Starbucks (antiguo Café Fornos)