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Libros: Robert E. Howard – Los Gusanos de la tierra y otros relatos de horror sobrenatural

Robert E. Howard - Los Gusanos de la tierra y otros relatos de horror sobrenaturalAyer mismo terminé un libro que llevaba leyendo desde primeros de septiembre, y que es uno de esos casos típicos que hace que cambie tu percepción de un autor en particular. Si os digo que Robert E. Howard es muy famoso probablemente no sabríais exactamente por qué, pero si os sorprendo diciéndoos que es el creador de Conan el Bárbaro y de Solomon Kane (próximo estreno en enero del 2010, aunque dicen por ahí que es un bodrio) empezaréis a poneros en situación. Cuando terminé de leer El Señor de los Anillos, jamás pensé que alguien pudiera rivalizar con el maestro Tolkien. Su arte de la descripción detallada, su maestría contando tanto batallas como diálogos, paisajes como sentimientos… definitivamente, era el mejor. Y así, de repente, años después, me encuentro con que Howard es tan bueno como Tolkien, y en algunos apartados quizá lo es más. Howard no sólo escribió relatos fantásticos medievales o ficción histórica. También cultivó el horror, y una recopilación de sus mejores cuentos de terror es lo que me ha traído a mi ordenador a escribir.

No quiero dar mi opinión sobre todos los cuentos uno por uno que componen este magistral libro que todo el mundo debería leer (y tener). Lo que sí quiero dejar claro es que este estadounidense de Texas habría sido uno de los más grandes escritores de la historia si no se hubiera suicidado con 30 años. Su prosa es casi perfecta, sus diálogos muy pensados, y el ambiente es casi cinematográfico. Mientras leía los cuentos casi podía ver la cámara abriendo plano mientras el sonido de la naturaleza envolvía las escenas. Domina con igual arte el mar o la montaña, los bárbaros o los cowboys. Mención especial a uno de los cuentos incluidos, Las palomas del infierno, que me hizo asustarme un par de veces con sonidos de mi casa mientras lo leía sobrecogido y arropado en mi cama. Este cuento, en palabras de Stephen King, es “uno de los mejores cuentos de terror del siglo XX”, y doy fe que es uno de los más terroríficos que he leído hasta la fecha.

Los demás cuentos son muy, muy buenos. La magia, el terror primario, los fantasmas, el vudú, los mitos de los indios americanos, los pueblos bárbaros y árabes… Howard toca todos los instrumentos de una manera tan eficaz que, como dije antes, me hace preguntarme dónde habría llegado este hombre si no hubiera sido por su negativa a aceptar la muerte de su madre. Leedle, y descubrid a un autor tan brillante como los mejores que hayáis leído jamás.

Más información | Robert. E Howard (Wikipedia)
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Libros: Nobody left to hate

Uno de los temas que más me motivaron para estudiar Psicología fueron las matanzas entre adolescentes en sus colegios que de cuando en cuando asolan Estados Unidos. Siempre quise averiguar qué pudo pasar por la cabeza de aquellos que decidieron tirar todo por la borda matando a todo el que se pusiera por delante antes de suicidarse. El detonante, el hecho que quizá más ha movido mis pasos fue la masacre del instituto Columbine, en Littleton, Colorado. Curiosamente, a pesar de ser hechos como este los que más empuje me dieron, no he tenido aún la curiosidad de leer algún libro especializado sobre el tema. Sé que hay muchos autores que se beneficiaron en aquel momento de la tragedia y sacaron libros más bien malos prometiendo dar todas las claves sobre por qué Eric Harris y Dylan Klebold decidieron matar a cientos de personas a sangre fría (finalmente fueron trece los asesinados).

Nuestro profesor de Psicología de los Grupos habló de pasada hace unas semanas de la matanza de Columbine, y cuando terminó la clase me acerqué y le pedí que me recomendara algún libro sobre el tema. Este es el que me sugirió:

9780805070996

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Elliot Aronson

Elliot Aronson, el autor, es un psicólogo social inventor del método de enseñanza Jigsaw, el cual promulga que las clases, en vez de ser únicamente magistrales, deberían apoyar la socialización del estudiante con sus compañeros a la vez que se enseña. Así, si se hacen grupos de cuatro o cinco para preparar un tema en concreto – por ejemplo, la II Guerra Mundial – uno se encargaría de añadir qué papel tuvieron los soviéticos en la Guerra, otro podría desarrollar el rol determinante de la bomba atómica, etc. Si en la clase hay veinte estudiantes, se podrían formar cuatro grupos de cinco personas. En cada grupo uno se encarga de un tema, como ya se ha dicho, y cuando ya han puesto en común sus trabajos, se reunirían además con los otros miembros de los otros grupos que han desarrollado el mismo subtema. De esta manera la socialización es cada vez más heterogénea, haciendo que todos se unan por un objetivo común, aprendiendo a la vez el desarrollo del tema propuesto. Al final, logramos enseñar y a la vez lograr que los alumnos se respeten entre si, no dando a nadie de lado. Por supuesto, llevar a cabo esta técnica requiere de su estudio y su puesta en práctica. Aquí dejo un enlace que lo explica más detalladamente (en inglés) – JIGSAW

Pero en realidad este método es una de las soluciones que propone Aronson al que él cree es el problema principal que descadenó el desastre: el ambiente opresivo y maltratador en las aulas. Os dejo algunos párrafos muy interesantes del libro que hablan del por qué de vez en cuando alguien explota y mata a sus compañeros. Estos del principio están en inglés. Encontraréis la traducción de cada uno al final del artículo.

In the wake of the Columbine tragedy, many schools instituted zero-tolerance policies for weapons, for drugs, and, sometimes, for fighting. In my opinion, schools should make a similiar kind of serious attempt to reduce or eliminate bullying, taunting and insulting behavior. It is astonishing to me that we permit children to be victimized by the kind of verbal violence that adults would not tolerate in their own workplace. Indeed, in many instances, adults subjected to such harassment would sue not only the perpetrator, but also their employer for allowing such an intolerable work environment.

We [scientific social psychologists] have discovered and tested ways of transforming the general atmosphere of schools from highly competitive, cliquish, exclusionary places – places where you would be shunned if you were from the “wrong” race or the “wrong” ethnic group, came from the wrong side of the tracks, wore the wrong kind of clothes, were too short or too fat, too tall or too thin, or just “didn’t fit in” – into places where students have learned to appreciate one another and experience empathy, compassion, and respect for one another.

Ahora, una explicación sobre por qué suelen ser adolescentes y varones los que cometen estos actos.

Before leaving this chapter, I should point out that there is at least one additional element that all the school massacres had in common: All of the shooters were adolescent boys – obviously. I say “obviously” because 1. The shootings took place in or around middle schools and high schools – places that are populated by adolescents; and 2. Girls, although fully capable of verbal agression, physical violence, and even murder, have almost never committed mass murder. So what is there about being and adolescent boy?

As everyone knows, adolescence is a time of physical growth and sexual maturation – a time of incredibly huge and rapid physiological and hormonal changes. But these changes follow rather different paths for boys and for girls. Adolescent girls experience a sharp increase in the production of estrogen, develop breasts and pubic hair, and begin menstruating. Adolescent boys are flooded with testosterone, begin to grow facial hair and pubic hair, undergo a changing voice, witness significant growth in their testes and penis, and experience ejaculation. When I say that adolescent boys are “flooded” with testosterone, I am not exaggerating: Adolescent boys have testosterone levels up to eighteen times as great as childhood levels. (For girls the comparable difference in estrogen levels between childhood and adolescence is much smaller). Testosterone is an hormone that is not only associated with sex; it is also associated with aggression. As one indication of this association, it has been shown that convicts serving time in penitentiaries for violent crimes have considerably higher testosterone levels than those serving time for nonviolent crimes.

For both boys and girls, being accepted by their peer group becomes increasingly important – even vital – during adolescence. It is out of a strong desire to be included that youngsters are tempted to dress alike, follow the crowd to the tattoo parlor and the body piercer, develop similar taste in music, films, food and so on. It always hurts to be rejected. But, at this particular stage of our development, rejection can be excruciatingly painful. Although it is tempting for us parents to dismiss our teenagers’ machinations as “merely going through a stage”, we need to bear in mind that the pressures are intense and the pain is real. For our children, adolescence is not simply a stage in their lives – it is their lives. In 1999, one out of every five adolescents had seriously considered suicide, and one out of ten had attempted it.

Being an adolescent boy in America also includes the extra burden associated with growing up in a culture of honor. The role models for adolescent boys in America are rough, tough heroes who are adept with weapons and fists – not wit. If you are an adolescent boy, you would be inclined to identify with John Wayne, Arnold Schwartzenegger, or Clint Eastwood, not Woody Allen.

Recomiendo el libro a todos los interesados en la psicología aplicada a la enseñanza, así como a los que se pregunten cuáles son las raíces de la socialización, especialmente en la infancia y en la adolescencia. El autor deja muy claro cuál seguramente fue el problema, y cómo se podría haber evitado. Las malas noticias son que en los institutos se sigue sin prevenir el maltrato escolar y el bullying. Y eso, en países como Estados Unidos, donde comprar un fusil de asalto resulta tan fácil, es un problema muy grave.

Esperemos que alguien haga algo antes de que tengamos otro Columbine…

ACTUALIZACIÓN:

Traduzco las partes en inglés, por petición de una amiga.

Como consecuencia de la tragedia de Columbine, muchas escuelas establecieron políticas de tolerancia cero para con armas, drogas, y, a veces, peleas. En mi opinión, los colegios deberían hacer algo similar para reducir o eliminar las conductas que lleven a insultos, maltratos y burlas. Me parece increíble que permitamos que los niños sean víctimas de una violencia verbal que los adultos no toleraríamos en nuestro propio lugar de trabajo. Ciertamente, en muchas ocasiones, los adultos sujeto de tal hostigamiento demandarían no sólo al autor, sino también al empresario por permitir un ambiente de trabajo intolerable.

Nosotros [psicólogos sociales científicos] hemos descubierto y probado maneras de transformar la atmósfera general de las escuelas para pasar de ser sitios muy competitivos y exclusivistas – lugares donde serías evitado si fueras de la raza “equivocada” o el grupo étnico “equivocado”, fueras del lado equivocado del camino, vistieras el tipo equivocado de ropa, fueras demasiado bajo o demasiado gordo, demasiado alto o demasiado delgado, o simplemente no “encajaras” – a sitios donde los estudiantes han aprendido a apreciarse entre ellos y experimentar empatía, compasión y respeto por el compañero.

Antes de dejar este capítulo, debería remarcar que hay al menos un elemento adicional que todas las masacres escolares tienen en común: todos los tiradores eran chicos adolescentes – obviamente. Digo “obviamente” porque 1. Los tiroteos tuvieron lugar dentro o alrededor de de escuelas e institutos – lugares que están poblados de adolescentes; y 2. Las chicas, aunque totalmente capaces de agredir verbalmente, emplear violencia física, o incluso asesinar, casi nunca han cometido asesinatos en masa. Así que, ¿qué es lo que hay al ser un chico adolescente?

Como todo el mundo sabe, la adolescencia es una época de crecimiento físico y maduración sexual – una época de cambios hormonales increíblemente grandes y rápidos. Pero esos cambios siguen diferentes caminos para chicos y chicas. Las chicas adolescentes experimentan un incremento agudo en la producción de estrógeno, desarrollan senos y vello púbico, y comienzan a tener la menstruación. Los chicos adolescentes son inundados de testosterona, comienzan a desarrollar vello facial y púbico, experimentan el cambio de voz, testigo de que ha habido un crecimiento significativo del pene y los testículos. Cuando digo que los chicos adolescentes son “inundados” de testosterona, no estoy exagerando: los chicos adolescentes tienen niveles de testosterona hasta dieciocho veces más grandes que los niveles de la infancia. (Para las chicas la diferencia comparable en niveles de estrógeno entre la infancia y la adolescencia es mucho más pequeña). La testosterona es una hormona que no sólo se asocia con el sexo; también se asocia con la agresión. Como indicador de esta asociación, se ha visto que presos cumpliendo pena en penitenciarías por crímenes violentos tienen unos niveles de testosterona considerablemente más altos que aquellos que cumplen condena por crímenes no violentos.

Tanto como para chicos como para chicas, ser aceptados en su grupo de iguales se convierte en algo cada vez más importante – incluso vital – durante la adolescencia. Es tan grande el deseo de ser incluido que los jóvenes están tentados de vestir de la misma manera, seguir al grupo al salón de tatuajes y piercings, adoptar un gusto similar en música, películas, comida y demás. Siempre duele ser rechazado. Pero, en esta particular etapa de nuestro desarrollo, el rechazo puede ser muy doloroso. Aunque es tentador para nosotros los padres descartar las intrigas de nuestros adolescentes con un “simplemente están pasando por una etapa”, necesitamos tener en cuenta que las presiones son intensas y que el dolor es real. Para nuestros hijos, la adolescencia no es simplemente unan etapa más de sus vidas – es su vida. En 1999, uno de cada cinco adolescentes había considerado seriamente suicidarse, y uno de cada diez lo había intentado.

Ser un adolescente en América también incluye el agobio extra asociado con crecer en una cultura de honor. Los modelos de conducta para los chicos adolescentes en América son rudos, héroes duros que son expertos con armas y puños – no con ingenio. Si fueras un chico adolescente, estarías inclinado a identificarte con John Wayne, Arnold Schwartzenegger, o Clint Eastwood, no con Woody Allen.

La verdad sobre John Smith

Desde La Habana, la expedición navegó hasta divisar tierra el 25 de mayo de 1539 y desembarcar en la bahía de Tampa, a la que llamaron del Espíritu Santo. Desde ese punto, Soto se internó en la parte occidental de Florida con la intención de llegar al territorio de Apalache, junto al golfo de México. Fue la primera etapa de una expedición que en menos de cinco años recorrió gran parte del sureste de Norteamérica y atravesó los actuales territorios de Florida, Georgia, Carolina del Sur, Tennessee, Alabama, Misisipi, Kentucky, Missouri, Arkansas Texas, Luisiana, Indiana, Ohio e Illinois, hasta la región de Chicago, junto al lago Michigan. Un viaje alucinante del que muchos no volvieron, y que abrió a los españoles gran parte de lo que son ahora Estados Unidos.

En el área de Tampa, los expedicionarios encontraron a un Juan Ortiz, superviviente de la expedición de Narváez prisionero de los indios, que les sirvió de intérprete. Los españoles quedaron sorprendidos cuando, al cargar contra un grupo de indígenas oyeron la voz de un hombre que gritaba en castellano: “¡Soy Cristiano! ¡Soy Cristiano! No me matéis”. El cristiano con aspecto de aborigen resulto ser Ortiz, nativo de Sevilla y cautivo de los indios desde hacía varios años. Soto le proporcionó ropas y un caballo y le nombró su ayudante personal.

Ortiz se había salvado de morir gracias a la intervención de una hija del cacique indio de la tribu Ucita, que impidió que lo quemaran vivo y al parecer se enamoró de él. Esta historia, copiada del relato anónimo que el cronista de Elvas dejó escrito, fue divulgada por los anglosajones 200 años después para forjar la leyenda de la princesa Pocahontas, popularizada por el cine.

Parte correspondiente a la expedición de Hernando de Soto, en el libro que me estoy leyendo: Banderas Lejanas. Llevo menos de cien páginas, pero sólo por lo que ha merecido la pena ya os recomiendo compraros el libro. ¿Y es cosa mía o se parece mucho el nombre Juan Ortiz a John Smith (el inglés del que se enamora Pocahontas)?.