Psicología

Libros: Nobody left to hate

Uno de los temas que más me motivaron para estudiar Psicología fueron las matanzas entre adolescentes en sus colegios que de cuando en cuando asolan Estados Unidos. Siempre quise averiguar qué pudo pasar por la cabeza de aquellos que decidieron tirar todo por la borda matando a todo el que se pusiera por delante antes de suicidarse. El detonante, el hecho que quizá más ha movido mis pasos fue la masacre del instituto Columbine, en Littleton, Colorado. Curiosamente, a pesar de ser hechos como este los que más empuje me dieron, no he tenido aún la curiosidad de leer algún libro especializado sobre el tema. Sé que hay muchos autores que se beneficiaron en aquel momento de la tragedia y sacaron libros más bien malos prometiendo dar todas las claves sobre por qué Eric Harris y Dylan Klebold decidieron matar a cientos de personas a sangre fría (finalmente fueron trece los asesinados).

Nuestro profesor de Psicología de los Grupos habló de pasada hace unas semanas de la matanza de Columbine, y cuando terminó la clase me acerqué y le pedí que me recomendara algún libro sobre el tema. Este es el que me sugirió:

9780805070996

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Elliot Aronson

Elliot Aronson, el autor, es un psicólogo social inventor del método de enseñanza Jigsaw, el cual promulga que las clases, en vez de ser únicamente magistrales, deberían apoyar la socialización del estudiante con sus compañeros a la vez que se enseña. Así, si se hacen grupos de cuatro o cinco para preparar un tema en concreto – por ejemplo, la II Guerra Mundial – uno se encargaría de añadir qué papel tuvieron los soviéticos en la Guerra, otro podría desarrollar el rol determinante de la bomba atómica, etc. Si en la clase hay veinte estudiantes, se podrían formar cuatro grupos de cinco personas. En cada grupo uno se encarga de un tema, como ya se ha dicho, y cuando ya han puesto en común sus trabajos, se reunirían además con los otros miembros de los otros grupos que han desarrollado el mismo subtema. De esta manera la socialización es cada vez más heterogénea, haciendo que todos se unan por un objetivo común, aprendiendo a la vez el desarrollo del tema propuesto. Al final, logramos enseñar y a la vez lograr que los alumnos se respeten entre si, no dando a nadie de lado. Por supuesto, llevar a cabo esta técnica requiere de su estudio y su puesta en práctica. Aquí dejo un enlace que lo explica más detalladamente (en inglés) – JIGSAW

Pero en realidad este método es una de las soluciones que propone Aronson al que él cree es el problema principal que descadenó el desastre: el ambiente opresivo y maltratador en las aulas. Os dejo algunos párrafos muy interesantes del libro que hablan del por qué de vez en cuando alguien explota y mata a sus compañeros. Estos del principio están en inglés. Encontraréis la traducción de cada uno al final del artículo.

In the wake of the Columbine tragedy, many schools instituted zero-tolerance policies for weapons, for drugs, and, sometimes, for fighting. In my opinion, schools should make a similiar kind of serious attempt to reduce or eliminate bullying, taunting and insulting behavior. It is astonishing to me that we permit children to be victimized by the kind of verbal violence that adults would not tolerate in their own workplace. Indeed, in many instances, adults subjected to such harassment would sue not only the perpetrator, but also their employer for allowing such an intolerable work environment.

We [scientific social psychologists] have discovered and tested ways of transforming the general atmosphere of schools from highly competitive, cliquish, exclusionary places – places where you would be shunned if you were from the “wrong” race or the “wrong” ethnic group, came from the wrong side of the tracks, wore the wrong kind of clothes, were too short or too fat, too tall or too thin, or just “didn’t fit in” – into places where students have learned to appreciate one another and experience empathy, compassion, and respect for one another.

Ahora, una explicación sobre por qué suelen ser adolescentes y varones los que cometen estos actos.

Before leaving this chapter, I should point out that there is at least one additional element that all the school massacres had in common: All of the shooters were adolescent boys – obviously. I say “obviously” because 1. The shootings took place in or around middle schools and high schools – places that are populated by adolescents; and 2. Girls, although fully capable of verbal agression, physical violence, and even murder, have almost never committed mass murder. So what is there about being and adolescent boy?

As everyone knows, adolescence is a time of physical growth and sexual maturation – a time of incredibly huge and rapid physiological and hormonal changes. But these changes follow rather different paths for boys and for girls. Adolescent girls experience a sharp increase in the production of estrogen, develop breasts and pubic hair, and begin menstruating. Adolescent boys are flooded with testosterone, begin to grow facial hair and pubic hair, undergo a changing voice, witness significant growth in their testes and penis, and experience ejaculation. When I say that adolescent boys are “flooded” with testosterone, I am not exaggerating: Adolescent boys have testosterone levels up to eighteen times as great as childhood levels. (For girls the comparable difference in estrogen levels between childhood and adolescence is much smaller). Testosterone is an hormone that is not only associated with sex; it is also associated with aggression. As one indication of this association, it has been shown that convicts serving time in penitentiaries for violent crimes have considerably higher testosterone levels than those serving time for nonviolent crimes.

For both boys and girls, being accepted by their peer group becomes increasingly important – even vital – during adolescence. It is out of a strong desire to be included that youngsters are tempted to dress alike, follow the crowd to the tattoo parlor and the body piercer, develop similar taste in music, films, food and so on. It always hurts to be rejected. But, at this particular stage of our development, rejection can be excruciatingly painful. Although it is tempting for us parents to dismiss our teenagers’ machinations as “merely going through a stage”, we need to bear in mind that the pressures are intense and the pain is real. For our children, adolescence is not simply a stage in their lives – it is their lives. In 1999, one out of every five adolescents had seriously considered suicide, and one out of ten had attempted it.

Being an adolescent boy in America also includes the extra burden associated with growing up in a culture of honor. The role models for adolescent boys in America are rough, tough heroes who are adept with weapons and fists – not wit. If you are an adolescent boy, you would be inclined to identify with John Wayne, Arnold Schwartzenegger, or Clint Eastwood, not Woody Allen.

Recomiendo el libro a todos los interesados en la psicología aplicada a la enseñanza, así como a los que se pregunten cuáles son las raíces de la socialización, especialmente en la infancia y en la adolescencia. El autor deja muy claro cuál seguramente fue el problema, y cómo se podría haber evitado. Las malas noticias son que en los institutos se sigue sin prevenir el maltrato escolar y el bullying. Y eso, en países como Estados Unidos, donde comprar un fusil de asalto resulta tan fácil, es un problema muy grave.

Esperemos que alguien haga algo antes de que tengamos otro Columbine…

ACTUALIZACIÓN:

Traduzco las partes en inglés, por petición de una amiga.

Como consecuencia de la tragedia de Columbine, muchas escuelas establecieron políticas de tolerancia cero para con armas, drogas, y, a veces, peleas. En mi opinión, los colegios deberían hacer algo similar para reducir o eliminar las conductas que lleven a insultos, maltratos y burlas. Me parece increíble que permitamos que los niños sean víctimas de una violencia verbal que los adultos no toleraríamos en nuestro propio lugar de trabajo. Ciertamente, en muchas ocasiones, los adultos sujeto de tal hostigamiento demandarían no sólo al autor, sino también al empresario por permitir un ambiente de trabajo intolerable.

Nosotros [psicólogos sociales científicos] hemos descubierto y probado maneras de transformar la atmósfera general de las escuelas para pasar de ser sitios muy competitivos y exclusivistas – lugares donde serías evitado si fueras de la raza “equivocada” o el grupo étnico “equivocado”, fueras del lado equivocado del camino, vistieras el tipo equivocado de ropa, fueras demasiado bajo o demasiado gordo, demasiado alto o demasiado delgado, o simplemente no “encajaras” – a sitios donde los estudiantes han aprendido a apreciarse entre ellos y experimentar empatía, compasión y respeto por el compañero.

Antes de dejar este capítulo, debería remarcar que hay al menos un elemento adicional que todas las masacres escolares tienen en común: todos los tiradores eran chicos adolescentes – obviamente. Digo “obviamente” porque 1. Los tiroteos tuvieron lugar dentro o alrededor de de escuelas e institutos – lugares que están poblados de adolescentes; y 2. Las chicas, aunque totalmente capaces de agredir verbalmente, emplear violencia física, o incluso asesinar, casi nunca han cometido asesinatos en masa. Así que, ¿qué es lo que hay al ser un chico adolescente?

Como todo el mundo sabe, la adolescencia es una época de crecimiento físico y maduración sexual – una época de cambios hormonales increíblemente grandes y rápidos. Pero esos cambios siguen diferentes caminos para chicos y chicas. Las chicas adolescentes experimentan un incremento agudo en la producción de estrógeno, desarrollan senos y vello púbico, y comienzan a tener la menstruación. Los chicos adolescentes son inundados de testosterona, comienzan a desarrollar vello facial y púbico, experimentan el cambio de voz, testigo de que ha habido un crecimiento significativo del pene y los testículos. Cuando digo que los chicos adolescentes son “inundados” de testosterona, no estoy exagerando: los chicos adolescentes tienen niveles de testosterona hasta dieciocho veces más grandes que los niveles de la infancia. (Para las chicas la diferencia comparable en niveles de estrógeno entre la infancia y la adolescencia es mucho más pequeña). La testosterona es una hormona que no sólo se asocia con el sexo; también se asocia con la agresión. Como indicador de esta asociación, se ha visto que presos cumpliendo pena en penitenciarías por crímenes violentos tienen unos niveles de testosterona considerablemente más altos que aquellos que cumplen condena por crímenes no violentos.

Tanto como para chicos como para chicas, ser aceptados en su grupo de iguales se convierte en algo cada vez más importante – incluso vital – durante la adolescencia. Es tan grande el deseo de ser incluido que los jóvenes están tentados de vestir de la misma manera, seguir al grupo al salón de tatuajes y piercings, adoptar un gusto similar en música, películas, comida y demás. Siempre duele ser rechazado. Pero, en esta particular etapa de nuestro desarrollo, el rechazo puede ser muy doloroso. Aunque es tentador para nosotros los padres descartar las intrigas de nuestros adolescentes con un “simplemente están pasando por una etapa”, necesitamos tener en cuenta que las presiones son intensas y que el dolor es real. Para nuestros hijos, la adolescencia no es simplemente unan etapa más de sus vidas – es su vida. En 1999, uno de cada cinco adolescentes había considerado seriamente suicidarse, y uno de cada diez lo había intentado.

Ser un adolescente en América también incluye el agobio extra asociado con crecer en una cultura de honor. Los modelos de conducta para los chicos adolescentes en América son rudos, héroes duros que son expertos con armas y puños – no con ingenio. Si fueras un chico adolescente, estarías inclinado a identificarte con John Wayne, Arnold Schwartzenegger, o Clint Eastwood, no con Woody Allen.

Carl Sagan and my teacher

A few days ago I attended to the first class of Epistemology this semester. The teacher said a few words as an introduction and then he inmediately played a videotape of one of the episodes of the popular TV Series “Cosmos”, by Carl Sagan. The topic of the episode was the place and the time where science was born. Sagan explained that the “empirics”, headed by Democritus, tried to interpret all the natural events without the presence of a God. Sagan also explained that the “rationalists”, a different stream, tried to give an explanation to all the events by the power of God, or the gods. A good example is a sentence of Pythagoras, head of the “rationalists”: Don’t look to the stars, think about them.

If I’m writing this is because at the end of the video the teacher was pretty critical with Sagan, saying that all his language in the video was epic, making us recall a way of speech far different from that one the scientists are supposed to express themselves. This is the first time I hear somebody being critical with Sagan. I have a guess, and it’s that the teacher doesn’t like science as an explanation to everything. Maybe in a certain way he is right, but I don’t think that the Faculty of Psychology is the proper place to be critical to science. Psychology needs to be more scientific than a lot of other disciplines. We barely have demonstrated anything, so it’s not time to blame science for something so foggy like language.

Libros: El Cerebro del Rey

Hace ya casi un mes que terminé este libro. Empecé con él porque me obligaban a hacerlo en Neurociencia I… pero tras su lectura puedo decir que “bendita” obligación. Os dejo la opinión personal sobre el mismo que escribí y que ya entregué a la profesora, y que me cuenta para el examen de este martes. Deseadme suerte.

El Cerebro del Rey

Este libro no es ese libro que cualquiera de nosotros buscaría como referencia en una biblioteca para aclarar ciertos aspectos sobre el sistema límbico, o para imbuirnos en cuanto a las ráfagas eléctricas que atraviesan el cerebro y que últimamente se han atribuido como “consciencia”. En este libro no podemos decir que vayamos a encontrarnos con un somero y extenso resumen de las principales funciones del cerebro, desde el tronco hasta la corteza frontal, dando paso por paso apuntes sobre cómo funciona aquello, o cómo responde a los estímulos esto otro. Los apuntes meramente técnicos nos los encontraremos al final, pero no esperemos encontrarnos un manual de neurociencia hasta las últimas veinte páginas.

Ya desde el principio el autor sorprende al lector hablando del universo. Por un momento parecería que el que escribe es Carl Sagan o Brian Green intentando dar una dimensión amplia sobre todo lo que nos rodea. La información sobre cómo apareció el hombre sobre la Tierra y cuán fruto de la casualidad somos bebe directamente de astrónomos y físicos. No es sorpresa que en la bibliografía del primer capítulo figure la ópera prima de Carl Sagan, Cosmos. Sin salirse del primer capítulo, el segundo más extenso de los siete que ocupa el libro, el autor termina con la clase de Astronomía y comienza a darnos una magistral clase de Biología. “Bien, los meteoritos bombardearon la tierra, por algo que no sabemos muy bien surgió la vida (me refiero al puro origen, no al proceso), y hace 65 millones de años una gran bola de fuego se estrelló contra el planeta propiciando la caída de los dinosaurios y lo que conllevó: que los mamíferos prosperaran. Aquí es donde empezamos a hablar del hombre”. Y de una manera muy amena y citando de vez en cuando autores clásicos como Julio César o Demócrito recorre las diferentes teorías de la evolución, tomando prestado el 80% de Darwin y el resto de eminentes biólogos como Dawkins. El hombre, quiero insistir, es fruto de una casualidad muy remota… una probabilidad que ni siquiera podríamos medir porque es ridícula. Sin embargo, aquí estamos. Somos el medio para que nuestros genes prosperen, se reproduzcan, se multipliquen y sigan existiendo durante eones. Como dijo Dawkins, “La vida no obedece a ningún diseño previo u organización, ni por supuesto a propósito alguno”. Si tomamos a “diseñador” por un Dios, está claro que la teoría de la evolución propuesta difiere mucho del pensamiento que se basa en que todo está diseñado… en que existe un Dios creador y arquitecto. Con numerosas citas entre líneas se puede observar que el autor está lejos de creer que exista un “creador”.

Una vez explicado por qué surgió el hombre y por qué hemos llegado a ser la especie con más inteligencia de las que conocemos, viene el capítulo más extenso, quizá porque es el más importante: la sexualidad. Los genes que llevamos en nuestro interior nos han diseñado expresamente para reproducirnos. En este capítulo se analiza de forma muy didáctica las diferencias sexuales entre hombre y mujer, no sólo cerebrales, sino también en la conducta, en el cuidado de los hijos y en la problemática de emparejamiento en la actualidad, actualizada a cómo somos los humanos de diferentes y de parecidos con el resto de animales.

Dejamos atrás en el capítulo tres la sexualidad para centrarnos en un tema controvertido, como es la existencia o no del alma, lo que es la consciencia (muy en boga ahora mismo en investigación) y la memoria. El autor despeja la incógnita sobre la consciencia en menos de media página y atribuye una igualdad algo retorcida: alma = consciencia. Supongo que así evitará futuros problemas hiriendo sensibilidades. Repasa de manera superficial lo que los antiguos consideraban lo que era el alma, y se centra en explicar la consciencia dando por supuesto que el alma es lo mismo, sin dar importancia al hecho de que muchas religiones identifican alma con “cuerpo espiritual”, lo cual no tiene nada que ver con la consciencia. El autor obvia matices importantes del dualismo y sigue adelante como el que ha tocado un tema que no requiere el mayor interés. Mi opinión personal es que sabe perfectamente que no puede igualar ambas cosas, pero como he dicho antes, lo hace para evitarse futuros problemas. En el capítulo también habla de la neuroplasticidad del cerebro, de por qué el saber ocupa lugar y además de la relación de la memoria con el sueño, y de cómo se almacenan los datos, tanto a corto como a largo plazo. Muchos de los datos aquí dados son básicos en Psicología, lo que hace este capítulo especialmente interesante.

Siguiendo con la lectura, llegamos a otro tema muy específico en nuestra licenciatura: las raíces de la conducta. Temas como el altruismo, la motivación, la emoción, el papel del sistema límbico, por qué nos comportamos como lo hacemos en según qué ocasiones… todos estos temas son muy estudiados en asignaturas como Social, Social II, Motivación y Emoción y más ligeramente en Aprendizaje y Condicionamiento. El capítulo es una fuente inestimable de datos para aquellos que no tienen claro nuestro comportamiento solidario. Es típica la pregunta “¿Por qué estamos motivados a ayudar a la gente que tiene problemas?” (esta pregunta tiene trampa, especialmente si pensamos en la gente sin hogar que se dedica a pedir limosna por la calle). Leer el capítulo es imprescindible para conocer un poco más el por qué de nuestros actos.

El envejecimiento, ya hablando del capítulo cinco es un tema que nos interesa a todos. En España especialmente, porque la poca natalidad está provocando que los ancianos comiencen a ser una minoría creciente, y porque si todo va bien en nuestro desarrollo normal, todos seremos ancianos alguna vez. El autor habla de qué empieza a funcionar mal y por qué. Da datos sobre el efecto salvador y perjudicial del oxígeno en nuestras células, e incluso intenta dar pistas sobre qué se podría hacer para vivir un poco más, aunque está radicalmente en contra (y así lo expresa) de prolongar la vida a la gente más de lo estrictamente necesario. Quizás algún día la ingeniería genética permita que nuestras células se reproduzcan sin fallos y que no nos afecte la vejez. El escritor habla de relevos generacionales y de lo que es más importante: EVOLUCIÓN. Si nos quedamos viviendo por los siglos de los siglos nuestra especie se estancará evolutivamente, lo cual nos perjudicará enormemente, ya que estaríamos condenándonos a la extinción.

El capítulo seis, si tengo que ser honesto, no me ha gustado. Al igual que en el capítulo uno habla de temas que poco tienen que ver con la Neurociencia, creo que le dan al libro una dimensión muy importante de ubicación. Saber de dónde venimos y por qué estamos aquí es importante para afrontar la tarea de analizar el cerebro y saber por qué funcionamos como funcionamos. Sin embargo, en este capítulo el autor se centra más en un aspecto muy concreto de la medicina, que es dar apoyo al enfermo terminal, o al anciano al que le queda poco tiempo de vida. Creo que este apartado está más dedicado a sus alumnos de medicina que al público en general. A mí no me interesa mucho saber si debo o no comunicar a la familia las malas nuevas, o si tengo que guardar información o ser reservado con las enfermedades de mis pacientes. Entiendo que el libro debería estar escrito para una pluralidad de personas, no para un colectivo determinado, ya que sus primeros cinco capítulos así lo hacen entender.

El último capítulo está escrito por la hija del autor, y aquí habla de Neurociencia pura y dura. Neuronas, sinapsis, partes de la corteza, de la médula, sistema simpático y parasimpático… en apenas treinta hojas se intenta dar un resumen de todo un cuatrimestre de clase. El resultado es satisfactorio, llegando a conocer cosas que no hemos dado en la facultad. Aunque es interesante, es más un anexo que un capítulo más. Se nota que está metido con calzador.

Como resultado final quería dar una valoración muy positiva del libro. Aunque hay partes que no sean del todo interesantes y otras que no estén muy bien encajadas, el resultado es sin duda muy eficaz. El autor habla de quiénes somos y por qué. Qué herencia tenemos de los animales, por qué hemos evolucionado de manera diferente, y qué nos hacer ser tan especiales en un mundo ubicado en una banda Goldilock por una probabilidad ínfima.

El Epílogo es un estallido final en busca de una unión de los pueblos en pos de la ciencia. Cuán bello sería apostar por cubrir las necesidades básicas de los países del tercer mundo, y así darles la oportunidad de centrarse en prosperar e incluso dar resultados a la ciencia. Quizá cuando veamos en las noticias que el Premio Nobel de Física de este año se le ha dado a un investigador de una universidad de Mali o de Bolivia podamos concluir que todos estamos en el mismo barco, investigando en búsqueda de respuestas. Al fin y al cabo, este libro nos da lo que todo buen libro aporta. Responde a pequeñas cuestiones, y abre grandes incógnitas. Desde el momento en que lo compré, es un libro básico en mi estantería.