
photo credit: Travel Aficionado
A lo largo de los años he visitado fábricas de ropa en todo el mundo en vías de desarrollo. He llegado a familiarizarme con los recintos cavernosos en los que centenares de mujeres jóvenes se sientan ante máquinas de coser y los hombres frente a mesas de corte […] y cuando la ropa llega a las últimas etapas de confección, se les colocan las conocidas etiquetas de GAP, Polo, Yves Saint-Laurenet, Wal-Mart, J.C. Penney y otras marcas […] Llegan a las siete o las siete y media, y pueden pasar en sus puestos la mayor parte de las doce horas siguientes. A menudo trabajan sin apenas descanso, o tal vez con una brevísima pausa para comer, y con pocas oportunidades de ir al lavabo. Sobre ellas se inclinan jefes con gesto lascivo, que plantean la amenaza del acoso sexual. Tras un día largo, difícil y tedioso, las jóvenes caminan penosamente de vuelta a casa, momento en el que nuevamente sufren la amenaza de las agresiones sexuales.
Estos empleos sometidos a una grave explotación son objeto de protestas públicas en los países desarrollados, protestas que han contribuido a mejorar la seguridad y la calidad de las condiciones de trabajo. No obstante, quienes ponen el grito en el cielo en los países ricos deberían apoyar que se crearan más empleos como esos, aunque bajo mejores condiciones de trabajo, y mostrar su desacuerdo con el proteccionismo comercial de sus propios países, que impide la entrada de la ropa que exportan naciones como Bangladesh. Esas jóvenes ya tienen un pie en la economía moderna, lo cual significa que están un paso - un paso fundamental y perceptible - por delante de las aldeas de Malawi (y lo que es más relevante para ellas, un paso por delante de las aldeas de Bangladesh donde nacieron la mayoría de ellas). Las fábricas donde reina una explotación tan intenta son el primer peldaño de la escalera para salir de la pobreza extrema […]
El libro que me estoy leyendo de Jeffrey Sachs me sorprendió el otro día con estos párrafos. Poco a poco, mientras voy avanzando, me doy dando cuenta de lo poco que estamos ayudando a los países en vías de desarrollo. Tenéis que leeros el libro si queréis quitaros de la cabeza la idea de que no es posible sacarlos de la miseria. Es posible… pero no queremos. Imprescindible el libro.
Fuente | El fin de la pobreza, de Jeffrey Sachs











5 Comments
Nitro deberias de ver el documental Globalisation is Good de Johan Norberg. Trata sobre algo parecido y es increible, lo puedes ver en Google Videos entero, es muy muy interesante.
chema’s last blog post..Beijing 2008: Los Juegos de la Esclavitud
En cuanto tenga un rato lo veo. Gracias por la recomendación
El extracto aquí expuesto no creo que refleje la realidad, se centra en el acoso sexual del jefe y la sobreexplotación según él.
Desde mi punto de vista después de haber vivido en Brasil y México (aquí trabajando en temas textiles donde ví y negocié de primera mano con esas supuestas trabajadoras explotadas) y en 2 semanas me largo 6 meses a Gabón, no podemos juzgar desde nuestro sillón del primer mundo.
En la mayoría de los casos, situaciones que para un currelas de Europa es explotación, en aquellos países es agradecer a los dioses por tener esa oportunidad. No hay que olvidar que ellos no se comparan con un maquilador Alemán sino con sus compatriotas.
Y desde el lado empresario, si en un pais un peón gana 1 dolar al día, siendo de lo más normal y bien visto por la sociedad, no vas a pagarle 10 a la hora como en EE.UU…. a no es que sino es explotación.
Mucho nos gusta hablar, pero después somos los primeros que compramos todos esos articulos hechos por exclavos en países lejanos.
eldiox: Dices que no estás de acuerdo… y precisamente lo que dice el artículo es lo que dices tú. No entiendo. ¿Lo has leído bien?
Tienes razón,leyendolo de nuevo más despacio me he percatado del ligero matiz que cambia el sentido al parrafo =)
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