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7 años desde el 11-S

Ya han pasado siete años desde que aquel 11 de septiembre de 2001 dos aviones se estrellaran contra las Torres Gemelas, matando a casi 3.000 personas, y dejándonos a todos una huella imborrable. Os quiero dejar unas cuantas imágenes de la zona 0 aquel día y durante estos años tras el atentado. De paso os recomiendo la fuente, Big Picture, un gran blog con fotografías de ALTÍSIMA calidad.

Descansen en paz todos.

Muchas más fotos, en la fuente original

Aterrizaje de infarto

En la vuelta a Barajas desde Estados Unidos tuve un ligero contratiempo al aterrizar aquí en Madrid. Cuando ya habíamos llegado a la capital, y el avión se disponía a aterrizar con el tren desplegado, de repente se pone a acelerar y a ascender cuando estábamos ya a escasos 50 metros del suelo.

Las caras de todos eran un poema. La gente estaba flipando, y yo de repente me empecé a acojonar. Si no habíamos aterrizado en un día soleado y con buena visibilidad es que algo le pasaba al aparato. A modo de confirmación, el comandante habló por el hilo del avión. Al parecer habían tenido un problema con uno de los flaps, y mientras lo intentaban arreglar iban a dar un par de vueltas al aeropuerto.

Las vueltas fueron interminables. Yo ya empezaba a pensar que algo grave pasaba y que el avión estaba quemando toda la gasolina posible para que en el caso de que tuviéramos un accidente no nos quemáramos como si aquello fuera el infierno. Tras unos largos minutos en los que por primera vez descubrí lo que es la sensación de claustrofobia, el comandante volvió a hablar. Dijo que uno de los flaps no se abría al ángulo que ellos deseaban, y que el aterrizaje iba a ser un poco más rápido de lo normal. Además, estarían distribuidos todos los servicios de emergencias en la pista, por si acaso. En ese punto ya el murmullo se convirtió en conversaciones alborotadas. Algunos reían nerviosamente. Otros simplemente dormían… pero la mayoría estábamos nerviosos, incluido el que escribe esto. ¿Qué he hecho yo para que me mate en un avión?, llegué a pensar. Qué mala suerte tengo, ¡coño!, o ¡que ahorquen al hijoputa que no revisó los flaps antes de salir!.

El avión comenzó a bajar, y volvió a desplegar el tren de aterrizaje. Cuando ya estábamos cerca del suelo pude ver que íbamos a toda hostia, mucho más deprisa de lo normal. En ese punto yo ya estaba acojonado. No sabéis qué sensación de impotencia da estar encerrado en un bicho con alas del que no puedes salir, y en el que tienes que confiar para tomar tierra sí o sí.

Finalmente el avión tocó suelo, y la frenada, que duró más de 20 segundos, fue espectacular. Cuando vimos que el comandante ya había controlado el aparato la gente comenzó a aplaudir y en un momento la cabina se llenó de una gran ovación. Ya yendo despacito por la pista, oíamos que el avión hacía un horrible chirrido al frenar para tomar las curvas. El comandante dijo que no podríamos llegar a la terminal porque los frenos estaban demasiado calientes y no funcionaban correctamente. Así, bajamos por una escalerilla como si hubiéramos ganado la Eurocopa, y dos autobuses nos llevaron a las puertas de la terminal. Cuando pisé tierra suspiré tranquilo.

Por vez primera, me había acojonado volando.

Bajando del avion

En el bus hacia la terminal

Aterrizando en Toronto

De risas en el avión...Muchas veces, cuando estamos hablando de aviones o aeropuertos siempre nos vienen a la cabeza momentos que hemos pasado en nuestro paso por ellos. En mi caso, hay uno del que siempre me acordaré, y cada vez que estoy con Muro, si sale el tema, nos apresuramos a contarlo.

Tras un vuelo a Roma de escala para ir a Toronto a reunirnos con nacHo, montamos en un Alitalia teniendo por delante nueve horitas de vuelo. Por suerte, Muro y yo cuando nos juntamos somos de los que no podemos parar de hablar, y pese a haber dormido poco, pasamos el tiempo recordando viejos tiempos, haciendo planes para el viaje, jugando a Magic (hacía que no jugaba por lo menos 10 años) e incluso contando algún chiste malo. Pero lo que recordaríamos fue lo que nos pasó al aterrizar. Nosotros, que ya estábamos como motos porque en pocos minutos comenzaríamos a patearnos Canadá, miramos por la ventana mientras el avión descendía haciendo la maniobra de aterrizaje.

Había nubes, y pequeñas turbulencias… y cuando nos quedaban apenas dos minutos para tomar tierra, el avión empezó a hacer ruidos extraños y a moverse de manera continua. El ruido y la vibración eran muy parecidos a los que hace un coche cuando va por un camino de tierra a toda velocidad. Muro y yo, risueños como nadie, empezamos a imaginar qué pasaría si el avión se hostiara… o si tomamos tierra, perdemos las ruedas y volvemos a ascender… y con cada payasada más grande, más risotadas nos pegábamos. Además, el avión, según iba bajando, más inestable parecía. Finalmente tomó tierra, y mientras nosotros nos descojonábamos pensando que todo ese ruido había sido normal, la cabina entera rompió a aplaudir. Fue en ese momento cuando despegamos la mirada de la ventanilla y pensamos… “joder… ¿y si de verdad algo iba mal?”

Por suerte, a los pocos minutos ya estábamos cada uno con nuestra maleta dispuestos a pasar aduanas :D