El sábado pasado fui con Kate a visitar la antigua estación de Chamberí, la famosa estación fantasma cerrada en 1966 que se podía ver en el trayecto entre las paradas de Bilbao e Iglesia si pegabas bien la nariz a la ventana. La remodelaron y la abrieron al público, y hoy se puede visitar gratuitamente mediante la entrada que han habilitado en la Plaza de Chamberí, en Madrid.
Lo cierto es que ver cómo era una estación hace muchas decenas de años apela al corazón. De alguna manera imaginé a mi padre paseando por esa estación, por la que aún pasa el metro en su trayecto diario. Imaginé a centenares de personas yendo y viniendo, admirando los preciosos anuncios publicitarios, o simplemente con prisa, como suele ser habitual en el suburbano.
Me encontré viajando mentalmente por más de media hora, observando detalle tras detalle. Había anuncios en los que los números de teléfono sólo tienen cuatro números… otros cuyas empresas ya no existen o algunos en los que reconoces la empresa propietaria. La restauración ha sido portentosa, y me alegra deciros que la visita es obligada. Es gratis y en el centro de Madrid. Si queréis pasar una hora admirando las entrañas escondidas de la capital, sólo tienes que pasarte por allí. Además, hay visitas guiadas en la que te explican toda la historia que rodea a la estación, con lo que no hay excusa posible. Os dejo unas fotos.
