El último domingo que pasamos en Nueva York (8 de octubre de 2006) decidimos emplearlo en visitar Harlem y una misa Gospel, y además comprar un balón de fútbol y dar unos pelotazos por Central Park. Todo el mundo iba superguay con su pelotita de fútbol americano… y nosotros no pensábamos quedarnos atras… pero a nuestra manera, por supuesto.

A la misa asistimos por la mañana, y al salir fuimos a comprar algo de embutido y pan de molde para comer en el mayor parque de Nueva York. Comprar una pelota fue algo más complicado, pero por suerte en un gran almacén de deportes de Harlem pudimos encontrar una. Nos la dejaron bien hinchadita, y tan felices que fuimos en el metro en dirección a Central Park. Cuando llegamos, nos metimos en unos servicios públicos y nos cambiamos de ropa, vistiendo únicamente pantalones cortos y camiseta… como buenos deportistas. Escogimos un lugar apropiado y nos dispusimos a zampar todo lo que habíamos comprado. Dimos buena cuenta del pavo, de las lonchas de queso… del Mountain Dew y de unos doritos sabor “indefinidoperorico”. Tras una siesta de unos diez minutos al sol, David y yo nos pusimos a dar toques al balón, y en pocos minutos se unió también Alex. Nos abrimos un poco más y estuvimos un rato dándonos pases largos. En uno de esos, una chica vestida de futbolista (iba hasta con espinilleras) pasó cerca, y David le pasó el balón. La chica se lo devolvió… pero David, lejos de concluir el vacile, la siguió y continuó pasándole el balón. Tras un rato corriendo, se puso a hablar con ella y vino con buenas noticias. La chica estaba calentando porque iba a jugar un partido con otros chicos, ¡y nos invitaba a que nos uniéramos!

Álex rápidamente declinó la invitación. Además de fumador, es fan acérrimo del “sillón ball”, como el lo llama, y prefirió observarnos mientras se fumaba unos cuantos cigarrillos. David y yo fuimos a conocer al grupillo que íbamos a jugar. En total éramos catorce. En un lado, casi todos europeos, salvo el portero (de unos trece años, pero muy valiente el chaval) y la chica. Los demás eran tres franceses (Olivier, Louis y no me acuerdo del nombre del otro) y nosotros dos. En el otro lado, todos americanos, incluyendo una chica y el que organizó todo, un neoyorquino flipadete con la camiseta de la selección italiana, al que le demostramos por qué en Europa se juega el mejor fútbol del mundo :D

Como resumen, diré que ganamos por goleada (5-1), que metí tres de los cinco goles que les hicimos, que me lo pasé en grande, y que al ir a rematar un pase tirándome en plancha me hice daño en el cuádriceps y en el pie, y me tuve que retirar lesionado. Al día siguiente tenía unas agujetas de la muerte… pero orgulloso de poder recordar, igual que ahora, que yo hice un hat trick (para los no entendidos, tres goles en un mismo partido) en Central Park. Disfrutad de algunos vídeos de mi partido. El que habla es Álex.



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