En una de las muchas paradas que hicimos para cenar, una de ellas la hicimos en el barrio chicaguense de Harlem, en un restaurante de la cadena Denny’s. No nos dimos cuenta de dónde nos estábamos metiendo.
Para empezar, dentro hacía un frío de pelotas. El aire acondicionado lo tenían puesto a todo meter… pero nadie parecía quejarse. Dentro del local, los pocos clientes que estaban eran negros, salvo un gordo inmenso con babero que llevaba ya su quinto plato a juzgar por las sobras de la mesa.
No le dimos mayor importancia. Nos sentamos en una mesa tipo “booth”, y comenzamos a charlar sobre nuestras cosas. Al minuto apareció una oronda camarera, también negra. Jugando con el boli y el bloc con las manos se apoyó en una columna junto a la mesa y nos comenzó a mirar. Ni una sola palabra nos dijo. Nosotros, acostumbrados a que en los restaurantes americanos nos trataran con una simpatía fuera de lo normal, nos encontramos con una camarera que no se digna ni a hablarnos para decirnos qué queremos, con pose chulesca.
Le pedimos las cosas y nos la fue trayendo poco a poco. Mientras hablábamos, podíamos ver cómo el comensal gordo seguía pidiendo platos y de vez en cuando paraba de comer para hacer ejercicios de relajación con el cuello. Algo increíble, vamos. Pero lo mejor de aquella noche fue al pedir la cuenta.
Había que levantarse y pagar en una caja situada a la entrada. Una encargada, también negra, nos atendió. Como no estábamos muy duchos en dar las propinas apuntándolas en la tarjeta, preferíamos siempre darlas en efectivo. Así, cuando vio que firmaba el recibo y comprobaba que no puse propina, me miró muy indignada y me dijo: “¿No vas a dejar propina?”. Yo pensé, “joder, encima de que nos tratas como a una mierda esperarás que te deje una buena propina”. Le dije que sí, que lo tenía en billetes. Me lo cogió de mala gana, y nos fuimos de allí cagando leches.
Cuando entramos en el coche, repleto de maletas con compras, pensamos que habían podido suceder tres cosas. O aquellos negros eran unos racistas de mierda, o unos maleducados, o ambas cosas a la vez. Arrancamos y nos piramos con una nueva anécdota que añadir a nuestro gran viaje.
No sé qué es lo que ocurre exactamente con España, pero echo mucho de menos una tienda de libros grande, barata y virtual como Amazon. En Estados Unidos, Francia, el Reino Unido, Alemania, Japón, etc. existen, y funcionan a pleno rendimiento. Pero aquí, el país de los pedos y la pandereta, nada de nada. Se ve que vender libros no sale rentable, y a los que nos gusta leer nos tenemos que joder y comprarlos a precios desorbitados.
Aparte de esta fabulosa tienda, hay otras cosas que me gustaría que estuvieran en España, y no es así. Casualmente, son casi todas estadounidenses, pero es normal sabiendo que sólo he salido de España para ir allí, ¿no? Hago una lista de los principales productos que me gustaría que existieran en nuestro país.
Amazon: ¿Por qué no existe en España? La probablemente mayor tienda online del mundo tiene sedes en los principales países europeos, pero no en España. Las malas lenguas dicen que es un modelo de negocio que no funciona en nuestro país. Otras tampoco buenas comentan que en España el precio de los libros viene determinado por ley, por lo que Amazon se queda sin su mejor arma: el precio de sus productos. ¿Qué coño pasa? ¡Queremos libros baratos! ¡Cultura barata! ¡Amazon en España ya!
Mustang: Se rumorea que con la próxima versión de el mítico deportivo americano se lanzarán unidades aquí. Pero es lo de siempre, no son más que habladurías y cotilleos que está por ver si se confirman. ¿Os imagináis las carreteras españolas recorridas por el caballo de Ford? Yo tampoco, pero por soñar que no quede.
Trance: El house es lo que ahora está de moda en las discotecas españolas. A mí me gusta, y hay canciones que no están nada mal, pero no me explico por qué para disfrutar de una música mucho más extendida por Europa tengo que irme fuera de Europa. Le doy un gallifante al que me diga dónde ponen en Madrid trance todos los fines de semana. Más que nada porque llevo tiempo buscando, y aún no he encontrado nada.
Abercrombie & Fitch: La popular tienda estadounidense está expandiendose de manera factorial, y para este año ya han anunciado que abrirán una tienda en Europa (Londres, para ser más precisos) tras haberse asentado en Canadá. No conozco una tienda de ropa con un estilo tan claramente definido como el de Abercrombie sin que cuesten un ojo de la cara. Lo malo es que si aterrizan aquí pondrán precios de órdago. ¿Alguna vez podremos ver ropa de calidad y de marca sin que nos roben a mano armada?
Hooters, Applebee’s, Denny’s, etc.: Restaurantes de comida más que jugosa. Por poner un parecido, son similares a los Vips españoles. En el primero te atienden nada más que chicas guapas. En el segundo hay unos filetes de flipar. Y en el tercero los entrantes son para olvidarte del mundo. ¿Realmente triunfaría este modelo aquí? Yo soy fan de los callos y del cocido madrileño, pero estos restaurantes me chiflan para cuando voy al cine… y estoy empezando a hartarme del Gino’s, Tony Roma’s y demás.
Apple Store: Sí, la tenemos por internet, pero que yo sepa no hay ninguna tienda física por la península. Esa gran idea que es poner iPods, portátiles y ordenadores de sobremesa con pantallas gigantes con internet a una gran velocidad al servicio del público no está disponible en ninguna de las tiendas de por aquí. Sin ir más lejos, un día nacHo y yo fuimos al Media Markt de San Sebastián de los Reyes, y en cuanto empezamos a toquetear un Mac se nos echó encima el dependiente preguntándonos si queríamos algo.
Es una lista que se podría ampliar, pero de momento creo que ahí están las cosas más importantes para mí. Y vosotros… ¿qué importaríais para implantarlo en España?