Ya estoy aquí otra vez. Tras dos semanas muy intensas, tengo el primer fin de semana libre en meses, y así estoy, cómodo en casa con todas las ventanas abiertas, escuchando discos nuevos, seleccionando buenas canciones y leyendo todo lo que tenía atrasado. Me he podido presentar sólo a tres exámenes, pero he aprobado los tres, así que en ese sentido, genial
Este martes me piro a Boston again. 12 días de vacaciones en los que descansar va a ser mi mayor prioridad. Iré a Gloucester y a Rockport a ver qué se cuentan. Comeré Clam Chowder y los magníficos mussels (mejillones) que sirven al limón. Estrenaré mi nueva cámara de fotos, y quizá actualice desde allí con alguna de las fotos que con ella saque. Visitare otra vez Harvard, y por primera vez el MIT. Y casi lo que más me va a gustar es vivir por primera vez un Independence Day allí. Será el 4 de julio.
No recuerdo quién conducía, pero las posibilidades se reducen a dos: Phares o yo. Estábamos conduciendo por California, creo recordar que camino a Oakhurst, pero tampoco estoy muy seguro. Mosky iba atrás, tomando fotos de vez en cuando, y haciendo algún que otro comentario. El último fue casi una exigencia: QUIERO FUMAR.
Ahora recuerdo que quizá el que conducía era yo. Paré en un turnout junto a la carretera (una especie de anexo sin asfaltar que sirve para que los coches lentos se aparten y dejen paso a los rápidos) Bajamos a tomar un poco el aire mientras Mosky se alejaba a mear con un cigarro en la boca. Phares y yo comentamos el buen día que hacía mientras pasaban coches a toda velocidad a escasos metros. Cuando no pasaban, se podía oír las hojas de los árboles que nos rodeaban. Había mucho silencio, mucha tranquilidad. Mosky volvió con mejor cara, aprovechando las caladas, mientras se subía la bragueta.
No sé qué pasó. Puede ser el buen tiempo, el silencio… el buen humor… pero Phares y yo, de repente, nos pusimos a bailar. Los conductores nos miraban extrañados. No puede ser muy común ver a tres tíos parados en un arcén grande, uno fumando y otros bailando. Reíamos mientras bailabamos, y así estuvimos un minuto o dos. El Mosky sonrió, impregnado del buen rollo que teníamos. Nos quedaba TODO por hacer. No habíamos hecho más que empezar.
Hoy me ha venido a la cabeza esa bella imagen, que sin duda quiero volver a repetir.
En mi primer viaje a Estados Unidos hicimos parada en este popular parque temático en el que se ruedan películas y series de televisión. Si quieres montañas rusas y demás, no vayas. Esto está dedicado al cine, y con espectáculos relacionados con el mismo te encontrarás. Os dejo algunas fotillos por si os animáis.
Fue en Mariposa, California. Estábamos comprando los víveres para nuestra excursión por Yosemite, y recordamos que necesitábamos comprar una tarjeta telefónica que se pudiera usar desde cualquier teléfono con el fin de que nos salieran más baratas las llamadas a casa. Preguntamos a la cajera del supermercado del pueblo, y nos señaló un pequeño edificio, sede de una también pequeña compañía de seguros (creo recordar). La casita parecía cualquier cosa menos un sitio donde comprar algo. Nada más entrar a la derecha había una puerta reservada para los empleados, y a la izquierda dos mujeres ocupadas haciendo papeleo. Una de ellas nos preguntó qué queríamos, y al responderla nos confirmó que vendían tarjetas. Fue en ese momento cuando le vi. La mujer, entrada en años, tenía una foto de su hijo militar, vestido de gran gala, sobre la torre del ordenador. El chaval parecía muy jovencillo. Estaba impecable con su uniforme azul marino, perfectamente afeitado, la gorra blanca con su visera negra y la bandera estadounidense detrás, haciendo de fondo.
Me dio pena. La verdad es que mucha. Es el dolor de una madre a la que a su hijo le envían a la guerra. Pero con todo su orgullo mostraba su retrato, quizá envalentonada porque era madre de un luchador de su pueblo. Pese a estar sólo un mes en Estados Unidos, he podido darme cuenta de que allí sienten muy cerca a su ejército. En el aeropuerto de Atlanta había un chaval vestido de militar esperando un vuelo. La gente se acercaba a él y le hablaba de manera amable, quizá como a alguien que les va a defender ahí fuera. Después vino el estruendo de los cazas sobrevolando el campo de los 49ers, y durante todo el viaje he estado viendo pegatinas con leyendas como “I support our troops” o “My son is an Iraq veteran”. Impensable en tierras como España. ¿Qué ha hecho que esta gente sea tan admiradora de su ejército? ¿Por qué se dirimen entre la pena y el orgullo cuando un hijo marcha a luchar por su país?
Tengo que leer algún libro sobre esto. De momento tengo un par de ellos en Un Regalito®. Lo único que pude sacar en claro en aquel momento es que me produjo una honda lástima. No sé qué habrá sido del chaval… pero os puedo asegurar que de vez en cuando me pregunto si logró sobrevivir a aquel infierno. Ojalá esté ya en casa, con su madre en Mariposa.
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Uno de los principales atractivos de mi viaje por Estados Unidos fue la cantidad de diferentes paisajes que pudimos disfrutar. Aquí tenéis unas cuantas fotos del viaje relacionadas con la carretera. Disfrutadlas.
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