Etología

El gato que no superó su prueba

Ayer estando con una amiga nos encontramos un gatito herido junto a un coche. Lo cierto es que estaba hecho una mierda, y aunque aún guardaba fuerzas para bufar e intentar defenderse, tenía un ojo cerrado y una pata rota. Lo cogí como pude con una camiseta vieja y decidimos llevarlo a una perrera cercana, pensando que ahí lo cogerían. Cuando llegamos nos dijeron que estaba cerrado, y que el 092 tenía un servicio de recogida de animales callejeros. Llamamos y un par de chavales muy amables vinieron a donde les dijimos en menos de diez minutos.

El pobre gatito tenía tanto miedo que yo creo que se iba a morir de la taquicardia. Le pregunté a la chica que se lo llevó qué iban a hacer con él, y suavizándolo mucho, me confesó que si tenía alguna fractura lo “eutanasiarían”. Vamos, que le pondrían una inyección, y listo. No pude evitar sentir pena por el pobre animal. No sé por qué quedó en ese estado. Quizá un perro, o una moto… y desde luego la madre se había desentendido de él. Cuestión de mala suerte.

Aunque no quiera, estoy en mitad de exámenes, y da la casualidad que uno de los que tenía era Etología, o algo así como Psicología que compara el comportamiento animal con el humano. Uno de los temas básicos es la evolución del comportamiento… y me puse a divagar con mi amiga. Desde luego, si esto nos pasa hace un millón de años, me encuentro al gatito, le cojo con las manos desnudas, le rompo el cuello y me lo como, puede que hasta crudo. Es normal: hace un millón de años éramos monos y nuestras mayores preocupaciones eran reproducirnos, comer y no ser devorados. Es curioso cómo en relativamente poco tiempo (un millón de años es un suspiro a nivel cosmológico) hemos llegado hasta tal punto de evolución en el que si no dormimos profundamente nos quejamos a la mañana siguiente. La comida la compramos hecha, tenemos animales sólo por simpatía, y si vemos un gatito intentamos (algunos de nosotros) hacer lo posible por ayudarle. Es como si hubiéramos desafiado a la naturaleza. Ésta selecciona a los mejores mediante Selección Natural. Ese gatito no estaba destinado a dejar descendencia. Comenzó a andar, no fue fuerte, y ayer u hoy ha muerto. La naturaleza es así de dura, y de “selectiva”.

Sin embargo nosotros ya estamos en otro plano. Tú y yo podemos tener hijos sin pegarnos con nadie. Incluso los menos “preparados” para hacerlo pueden. Cualquiera puede hacer lo mínimo que se le exige al resto de animales del planeta. ¿Quizá este desafío y estar por encima de la evolución es algo natural? ¿Por haber sobrepasado esos límites estamos jodiendo el planeta? ¿Cómo se encontrarán la Tierra nuestros nietos? ¿Quiénes somos? ¿Por qué nos creemos los dueños de todo? ¿Cómo afectará a la raza humana el haber superado la evolución elemental?

No me hagáis mucho caso. Putos exámenes… me van a dejar la cabeza hueca…

Viaje a Cazorla

Hace ya unas semanas nos dijo el profesor de Etología que íbamos a hacer una práctica de observación y registro de conductas de ungulados (en realidad ciervos y gamos, pero los ungulados es una familia muy grande) en la Sierra de Cazorla. Consistiría en ir un jueves por la mañana, dormir en un camping, hacer la práctica el viernes por la mañana, y el sábado volver a Madrid. Nos apuntamos la mayoría de los de clase. Nosotros, además de hacer la práctica, teníamos en mente otras cosas, como descansar, disfrutar del campo, relajarnos, y catar alcohol. Lo típico, ya sabéis.

Nos juntamos todos en Atocha, montamos en el bus y en unas siete horas llegamos al camping. Tardamos tanto tiempo porque el sitio está en mitad de la Sierra. Me junté con los que más me llevo de mi clase y entre los cinco cogimos una cabaña para seis. Una cabaña muy rudimentaria, con camas dispuestas en literas, un baño que parecía el de un avión, salvo que éste tenía ducha, y una posición cojonuda, porque apenas a diez metros frente a la puerta estaba el Guadalquivir en forma de pequeño riachuelo, no más ancho de un metro y medio. Estábamos a unos diez kilómetros de su nacimiento. Repartimos las camas y nos fuimos a tomar unas cañas y a comprar hielo. Nos lo íbamos a pasar en grande.

Y así fue. Durante esa noche y el día siguiente me lo pasé en grande. Antes de irnos a donde estaba todo el mundo jugábamos a juegos populares (cartas, “yo nunca he”, etc.) con los de las cabañas de al lado. Tras calentarnos un poco el pico, la fiesta la montábamos en una cabaña para doce que se había llevado otro grupo, y que al ser tan grande tenía hasta cocina y salón. Lo malo es que las cabañas de seis estaban algo alejadas de las de doce. Y no sé si pensar ahora si eso era malo o era bueno, porque una de las cosas que más me ha gustado de este viaje es ver las estrellas sin contaminación lumínica. Hasta hace unos días no había visto por qué llaman a nuestra galaxia Vía Láctea.

A destacar varias cosas. La principal, el buen rollo que llevábamos todos, y el cachondeo sano. También lo buena persona y lo majo es que es nuestro profesor. Ya podían ser muchos la mitad de lo buen tío que es él. Por si fuera poco es bueno jugando al futbolín. Jugó de pareja conmigo y apaleamos a unos cuantos :D Las vistas de la Sierra de Cazorla son la leche. Paisajes de esos que sólo ves en fondos de pantalla. Además hablé con mucha gente que conocía sólo de vista, casi me quemo la colleja de tanto sol… y lo mejor es saber que el año que viene nos volveremos a ver todos en el viaje de ecuador de la carrera. Qué ganas tengo…

Pero todo esto no habría sido ni la mitad si no hubiera estado con mis niñas, que tanto me quieren :P

Bonnie & Clyde

Feo y pesao en Cazorla

Feo en Cazorla

Sierra de Cazorla

Pili, Mili y Tigo

Copas con los de las cabañas

Zorro en Cazorla

Billy & Joe

Sigo