Sin palabras
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En esta ocasión no diré nada. Las imágenes lo dicen todo. Hay algunas imágenes duras, así que si eres sensible, no sigas hacia abajo.
















En esta ocasión no diré nada. Las imágenes lo dicen todo. Hay algunas imágenes duras, así que si eres sensible, no sigas hacia abajo.
















Fue en Mariposa, California. Estábamos comprando los víveres para nuestra excursión por Yosemite, y recordamos que necesitábamos comprar una tarjeta telefónica que se pudiera usar desde cualquier teléfono con el fin de que nos salieran más baratas las llamadas a casa. Preguntamos a la cajera del supermercado del pueblo, y nos señaló un pequeño edificio, sede de una también pequeña compañía de seguros (creo recordar). La casita parecía cualquier cosa menos un sitio donde comprar algo. Nada más entrar a la derecha había una puerta reservada para los empleados, y a la izquierda dos mujeres ocupadas haciendo papeleo. Una de ellas nos preguntó qué queríamos, y al responderla nos confirmó que vendían tarjetas. Fue en ese momento cuando le vi. La mujer, entrada en años, tenía una foto de su hijo militar, vestido de gran gala, sobre la torre del ordenador. El chaval parecía muy jovencillo. Estaba impecable con su uniforme azul marino, perfectamente afeitado, la gorra blanca con su visera negra y la bandera estadounidense detrás, haciendo de fondo.
Me dio pena. La verdad es que mucha. Es el dolor de una madre a la que a su hijo le envían a la guerra. Pero con todo su orgullo mostraba su retrato, quizá envalentonada porque era madre de un luchador de su pueblo. Pese a estar sólo un mes en Estados Unidos, he podido darme cuenta de que allí sienten muy cerca a su ejército. En el aeropuerto de Atlanta había un chaval vestido de militar esperando un vuelo. La gente se acercaba a él y le hablaba de manera amable, quizá como a alguien que les va a defender ahí fuera. Después vino el estruendo de los cazas sobrevolando el campo de los 49ers, y durante todo el viaje he estado viendo pegatinas con leyendas como “I support our troops” o “My son is an Iraq veteran”. Impensable en tierras como España. ¿Qué ha hecho que esta gente sea tan admiradora de su ejército? ¿Por qué se dirimen entre la pena y el orgullo cuando un hijo marcha a luchar por su país?
Tengo que leer algún libro sobre esto. De momento tengo un par de ellos en Un Regalito®. Lo único que pude sacar en claro en aquel momento es que me produjo una honda lástima. No sé qué habrá sido del chaval… pero os puedo asegurar que de vez en cuando me pregunto si logró sobrevivir a aquel infierno. Ojalá esté ya en casa, con su madre en Mariposa.