En el número de este mes de la popular revista National Geographic (a la que estoy suscrito desde que se introdujo en español en nuestro país), trae dos artículos especialmente interesantes. Uno habla del túnel circular de 27 km de longitud construído bajo Suiza para intentar hallar respuestas sobre la creación del universo mediante la “simulación” de un mini Big Bang colisionando partículas a velocidades muy cercanas a la de la luz: el LHC.
Pero el artículo que más me ha gustado ha sido otro que habla de algo completamente diferente. En él se postula que los humanos no somos los únicos que tenemos capacidades cognitivas, comentando investigaciones de varios años que dejan claro que algunos perros, delfines y monos tienen conciencia de sí mismos y de lo que les rodea. Voy a intentar resumir de manera escueta el artículo. Para leerlo en español podéis compraros la revista, o leerlo en la página oficial, pero en inglés. Al final de esta entrada podéis encontrar el enlace.
Mediante los ejemplos de un loro, un cuervo, una perrita Border Collie (que ilustra esta entrada), un delfín y algunos animales más, el artículo intenta, con la lectura de los resultados de varios investigadores, desmentir la opinión general de los psicólogos cognitivos que el hombre es el único animal capaz de “razonar” de modo abstracto. Recomiendo encarecidamente leerlo de principio a fin.
Uek, un cuervo de Nueva Caledonia, es capaz de fabricar herramientas con objetos que nunca había visto antes a fin de obtener un trozo de comida al que no puede acceder por medios normales. Así, es capaz de coger un alambre y doblarlo con ayuda de su pico y sus patas para “pescar” un sabroso botín introducido en una campana de cristal con un pequeño agujero en tu parte superior.
Alex, un loro gris africano, es capaz de comunicarse con su adiestradora. Si quiere salir de la jaula para posarse en un árbol del jardín, dice algo así como “wanna go tree” (quiero ir al árbol). Sabe contar hasta seis en orden, pedir el desayuno (quiero uva), decir cuál es la diferencia entre dos objetos (se le muestran dos cestas, una roja y otra azul, y mediante la pregunta “¿diferencia?”, el loro responder “color”) y muchas cosas más.
El caso de Betsy, si cabe, es más clarificador aún. Esta perrita conoce más de 300 palabras (como un niño de 2 años) y las relaciona con objetos. Pero la muestra más importante de razonamiento abstracto es que a la perra se le muestra en una fotografía un objeto que nunca antes había visto (por ejemplo, un frisbi de colores). Se le pide que lo busque en otra habitación, y lo trae, habiéndolo seleccionado entre otros tantos juguetes. Estamos frente a un perro que, mediante la visión de un objeto en dos dimensiones, es capaz de imaginarlo abstractamente en tres dimensiones. Esto demuestra la conciencia de su entorno que tiene la perrita.
Otra prueba, en este caso desarrollada en un delfín, de nombre Akeakamai, nos hace reflexionar. Este delfín era capaz de asociar varias órdenes seguidas y hacerlo bien a la primera. Si se le decía “balón, izquierda, derecha, aro”, el delfín iba a por el balón, lo llevaba a la izquierda, después a la derecha, y por último lo introducía en el aro. Se le podían dar más órdenes, nunca ejecutadas antes en un orden establecido, y el delfín lo hacía correctamente, lo que demuestra la gran comprensión verbal que tienen.
Pero hay mucho más en ese artículo de lo que yo he dicho, infinitamente más. Sólo espero que al menos alguien de los que me lee lo lea, y se forme su propia opinión al respecto. Cualquiera que haya tenido mascotas se sentirá algo identificado con la lectura de los resultados de estos investigadores. Quiero pensar que algún día trataremos a los animales como lo que son, mucho más que trozos de carne con instintos.
Va por ellos.
Artículo completo (en inglés) | Animal Minds