La noche del domingo al lunes soñé con Miriam. Es una chica a la que nunca he conocido en persona, pero por fotos y conversaciones telefónicas siempre me ha parecido una chica atractiva, e interesante.
El sueño comienza en un piso pequeño, en el que estamos viviendo cinco o seis personas, entre ellas Miriam. Al parecer, por las conversaciones entre nosotros, esperamos nerviosamente a alguien. La tensión que se respiraba en el piso bien podía asemejarse a lo que supongo que sienten los traficantes de drogas o de armas justo antes de realizar una operación importante.
Entre nosotros había un chico con rasgos chinos, tremendamente preocupado porque se tenía que beber una botella de licor antes de que al día siguiente llegaran “ellos”. Recuerdo que dentro del piso había dos ascensores juntos, (como los de El Corte Inglés, o los de los hoteles), y de vez en cuando se abrían, poniéndonos a todos en tensión.
Pero bajo toda esa preocupación yo miraba a Miriam con esos ojos que les pones a la gente que te gusta. Ella a mí, también. Pese a no haberla visto nunca en persona, sólo en fotos, en el sueño estaba muy guapa, con el pelo largo, los ojos grandes y negros y un aire de sensualidad femenina arrebatador.
De repente, algo pasa. Entre el barullo de conversaciones y la tensión mascable, son las tantas de la madrugada y a “El chino” hace unas horas que no le vemos. Con miedo, bajamos todos en ascensor a la planta -2. Nada más abrirse las puertas, un fétido olor inunda nuestras fosas nasales. Huele mucho a muerto. Salimos del ascensor, y entramos a una especie de vestíbulo elevado al que se accede mediante unas anchas y lujosas escaleras de mármol en forma curvilínea.
Ahí, en las escaleras, apoyado en el pasamanos y con una botella de licor en la mano izquierda, inerte se encuentra el cadáver de “el chino”. Según me dice uno de los que viven en el piso conmigo (o era Vin Diesel, o un hermano gemelo suyo), ha fallecido porque se ha apoyado durante mucho tiempo sobre el brazo derecho mientras bebía, lo que ha provocado el corte de la circulación de la sangre en ese brazo, con resultados fatales. Asiento sorprendido. “El chino” ha muerto, y al parecer, sin él no había trato con quienes esperábamos el día siguiente.
En la siguiente escena, como si de una película se tratase, Miriam y yo salimos del centro comercial que hay cerca de mi casa. Hemos hecho compras, y las llevamos para el piso. Al no haber trato todos nuestros compañeros de piso se han ido, y sólo quedamos nosotros dos. Llevo un café solo en la mano, y le pido a Miriam un cigarro. Me lo enciendo, y se me acerca un hombre pidiéndome fuego. Dejo el café en el suelo para coger el mechero, y para mi asombro el hombre pone su pie encima de mi café. Ante mi mirada sorprendida, me aclara: “Te lo estoy tapando para que no entren bichos”. Retira el pie, y como es natural, el café se ha llenado de tierra y mierda. Enfadado, apago mi cigarro en el café, y le respondo un irónico “muchas gracias”.
Miriam y yo entramos en casa. Llegados a este punto del sueño, descubro que en realidad estamos muy enamorados, pero nunca nos habíamos liado. Y así, mientras ella sostiene unas tazas que acabábamos de comprar y yo le doy un beso de película se termina este sueño.
Siempre que me levanto tras un sueño especialmente real me pregunto: “¿Algo así me va a ocurrir? ¿Tendrán los sueños algún poder adivinatorio?”
Horas después del sueño te das cuenta de que es absurdo preguntarse esas cosas…
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