Rest & Boston

Ya estoy aquí otra vez. Tras dos semanas muy intensas, tengo el primer fin de semana libre en meses, y así estoy, cómodo en casa con todas las ventanas abiertas, escuchando discos nuevos, seleccionando buenas canciones y leyendo todo lo que tenía atrasado. Me he podido presentar sólo a tres exámenes, pero he aprobado los tres, así que en ese sentido, genial :)

Este martes me piro a Boston again. 12 días de vacaciones en los que descansar va a ser mi mayor prioridad. Iré a Gloucester y a Rockport a ver qué se cuentan. Comeré Clam Chowder y los magníficos mussels (mejillones) que sirven al limón. Estrenaré mi nueva cámara de fotos, y quizá actualice desde allí con alguna de las fotos que con ella saque. Visitare otra vez Harvard, y por primera vez el MIT. Y casi lo que más me va a gustar es vivir por primera vez un Independence Day allí. Será el 4 de julio.

Ya os contaré…

Boston 4th July Fireworks
Creative Commons License photo credit: bettlebrox

La llegada a La Roca

Hoy he estado hablando con unas amigas de lo importante que es viajar. No he tenido que convencerlas de nada, pues son tan amantes de viajar como yo. Fui capaz de gastar mucho dinero para grabar vídeos como el que vais a ver a continuación. Y lo volvería, y lo volveré a hacer. Viajar es una inversión. Como les he dicho a mis amigas esta tarde: tener el recuerdo de verme en un barco dejando San Francisco para ir a Alcatraz no tiene precio.


La Roca from Julio Lopez on Vimeo.

El feo que sale hablando es mi amigo Phares :D

La naturaleza en Yosemite

Sólo he estado una vez en el Parque Nacional Yosemite, en California, y me ha dejado una impresión muy duradera. Metaforizando muy cútremente, se podría comparar a esa chica que conoces en el pueblo cuando eres adolescente, te lías con ella una vez, y su belleza, su olor y su aire misterioso hace que te quedes pensando en ella varios años más. Así es Yosemite para mí. No sé cuándo lo haré, pero volveré.

Y hablo de esto porque hoy he leído un artículo magnífico en el New York Times sobre Ansel Adams, un famoso fotógrafo estadounidense conocido por hacer algunas de las mejores fotografías que se han hecho de Yosemite, todas en blanco y negro. Siento que el artículo esté en inglés, pero si alguien lo controla un poco, que lo lea, porque es muy interesante. Las fotos son lo mejor del artículo. En especial la del Half Dome con la luna subiendo al anochecer.

Cuando fui, puedo recordar aparcar, y ver un ciervo a nuestro lado paseando con naturalidad. Me acuerdo de aquel camino hacia las Lower Falls donde nos cruzamos con un pequeño oso, y de los carteles llamativos advirtiéndonos de que había gatos monteses y que no debíamos molestarlos. No sé si os gusta el campo… si os gusta pararos en mitad de un pinar e inspirar fuerte por la nariz. Si habéis experimentado esa sensación, os puedo asegurar que en Yosemite inhalas algo más que aire limpio. Te bebes la naturaleza. Es apasionante ver bullir tanta vida a tu alrededor, darte cuenta de lo precioso que es el planeta y de lo poco que lo estás disfrutando.

Viaja. En serio. Es una inversión.

Valle con El Capitán a la izquierda

Half Dome

El Capitán

Ciervo

¡Me agarro a los pelos del pecho!

Este vídeo está grabado en la fila del Top Thrill Dragster, en el parque de atracciones Cedar Point, en Sandusky, Ohio. Por lo que podéis ver, uno de nosotros tiene MUCHO miedo a morir :D

Ya comenté algo sobre esto, pero quería poner un vídeo. Salimos Muro, la locaza y yo :)


En la cola del Top Thrill Dragster from Julio Lopez on Vimeo.

En un Denny’s en el Harlem de Chicago


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En una de las muchas paradas que hicimos para cenar, una de ellas la hicimos en el barrio chicaguense de Harlem, en un restaurante de la cadena Denny’s. No nos dimos cuenta de dónde nos estábamos metiendo.

Para empezar, dentro hacía un frío de pelotas. El aire acondicionado lo tenían puesto a todo meter… pero nadie parecía quejarse. Dentro del local, los pocos clientes que estaban eran negros, salvo un gordo inmenso con babero que llevaba ya su quinto plato a juzgar por las sobras de la mesa.

No le dimos mayor importancia. Nos sentamos en una mesa tipo “booth”, y comenzamos a charlar sobre nuestras cosas. Al minuto apareció una oronda camarera, también negra. Jugando con el boli y el bloc con las manos se apoyó en una columna junto a la mesa y nos comenzó a mirar. Ni una sola palabra nos dijo. Nosotros, acostumbrados a que en los restaurantes americanos nos trataran con una simpatía fuera de lo normal, nos encontramos con una camarera que no se digna ni a hablarnos para decirnos qué queremos, con pose chulesca.

Le pedimos las cosas y nos la fue trayendo poco a poco. Mientras hablábamos, podíamos ver cómo el comensal gordo seguía pidiendo platos y de vez en cuando paraba de comer para hacer ejercicios de relajación con el cuello. Algo increíble, vamos. Pero lo mejor de aquella noche fue al pedir la cuenta.

Había que levantarse y pagar en una caja situada a la entrada. Una encargada, también negra, nos atendió. Como no estábamos muy duchos en dar las propinas apuntándolas en la tarjeta, preferíamos siempre darlas en efectivo. Así, cuando vio que firmaba el recibo y comprobaba que no puse propina, me miró muy indignada y me dijo: “¿No vas a dejar propina?”. Yo pensé, “joder, encima de que nos tratas como a una mierda esperarás que te deje una buena propina”. Le dije que sí, que lo tenía en billetes. Me lo cogió de mala gana, y nos fuimos de allí cagando leches.

Cuando entramos en el coche, repleto de maletas con compras, pensamos que habían podido suceder tres cosas. O aquellos negros eran unos racistas de mierda, o unos maleducados, o ambas cosas a la vez. Arrancamos y nos piramos con una nueva anécdota que añadir a nuestro gran viaje.