En mi último viaje a Boston aproveché uno de los días para viajar vía Commuter Rail hasta Providence, capital del estado de Rhode Island, y ciudad natal de mi escritor favorito, H. P. Lovecraft.
Tengo que reconocer que llevaba planeando durante bastante tiempo esas escasas horas en las que pasearía por College Hill, barrio durante casi toda su vida vivió este autor, y lugar donde se aloja la prestigiosa Brown University, una de las mejor valoradas del planeta.
Voy a intentar escribir este artículo de manera que lo entienda todo el mundo, hayan leído o no a Lovecraft. Se da por hecho que aquellos que sí lo hayan leído se integrarán mejor en lo que viene a continuación. Cualquier duda la contestaré en los comentarios.
Howard Phillips Lovecraft nació en Providence, Rhode Island, en 1890, y murió en la misma ciudad en 1937. No quiero poner aquí una biografía completa de su vida. Para más información sobre él siempre podéis acudir a la socorrida Wikipedia o a alguna biografía, tanto la de Sprague de Camp la de Michel Houellebecq, ambas en castellano, como la de Joshi – muy superior a las otras – en inglés. Recomiendo que leáis un poco por encima al menos el enlace de la Wikipedia para sintonizaros con las cosas que vi aquel día.
Para resumir un millón de datos, llevé conmigo tres guías. Dos estaban sacadas de Internet, pero la que más usé es un libro antiguo, escrito por Henry L. P. Beckwith, Jr., con el título Lovecraft’s Providence and Adjacent Parts. En este pequeño libro de tapa dura se proponen dos rutas a seguir por el Providence que inspiró a Lovecraft. Una es a pie, y otra en coche. Como podéis suponer, elegí la primera.
Esa mañana me levanté pronto, me preparé y me fui a la estación con suficiente tiempo de antelación. Al coger el tren me equivoqué, pero pude coger otro una hora más tarde. El tiempo de espera en la South Station de Boston se me hizo interminable.
Cuando llegué a la ciudad, cargado con una mochila y la cámara de fotos mientras el sol brillaba a 35º, me di cuenta de que quizá no era el mejor día para estar andando bajo el sol. Ya no podía volver, así que de la estación de Providence me dirigí al inicio de la ruta: el Ayuntamiento de la ciudad.
Este edificio nunca le gustó a Lovecraft. Sin duda la última reforma que le hicieron a finales del siglo pasado le hubiera entusiasmado, al menos por el interior.
Atravesé varios puntos importantes en la historia de la ciudad. No me quiero detener en ellos, pero os dejo fotos que fui tomando de lugares remarcables, como el Turk’s Head Building
Pasé el puente que cruza el río, y me dirigí directo a College Hill…
Tras subir una empinada cuesta, me di de bruces con uno de los puntos que la guía marcaba como imprescindibles. Se trataba del Providence Athenaeum. Es la cuarta biblioteca más antigua de Estados Unidos, y puedo decir en verdad que la más bonita que haya visto nunca. Las fotos de su interior no son mías, pues no me atreví a sacar fotos por respetar el silencio sepulcral que inundaba el sitio, pero es sin duda uno de los lugares de los que más orgulloso estoy de haber descubierto.
El Athenaeum era frecuentemente visitado no sólo por Lovecraft, sino por Edgar Allan Poe. Este es uno de los muchos lugares donde Poe se dedicó a cortejar a la poetisa Sarah Whitman. Tienen una buena colección de libros de Lovecraft, así como de Poe.

Seguí subiendo, hasta las puertas Van Wickle. Son unas de las muchas que tiene la Universidad Brown. Como aspectos a destacar tiene tres:
1. Las puertas laterales están abiertas todo el año, pero las centrales sólo se abren para el día de comienzo de curso y el día de la graduación.
2. Se conserva una fotografía de Lovecraft sentado en el banco de la puerta izquierda. Se encuentra en el libro Selected Letters Volume III, y aunque el pie de foto diga Lovecraft in Brooklyn, en realidad es este el sitio donde se la hizo.
3. Justo enfrente se encuentre la John Hay Library, biblioteca donde se encuentran la mayor cantidad de manuscritos y cartas que se conserven que escribió Lovecraft. Detrás de la John Hay Library hay un hueco donde se situaba una de las casas donde vivió, hoy desaparecida.

Seguí caminando por Prospect St. hacia el norte. Me topé con el único símbolo dedicado a Lovecraft que hay en todo Providence. Está junto a la John Hay Library, donde se guardan la mayoría de sus manuscritos conservados.
A pocos metros de allí me encontré con una de las casas donde Lovecraft vivió. Exactamente fue la última, desde 1933 a 1937. Residió en esta casa hasta que murió. La edificación no estaba en esta localización en vida de Lovecraft, pues fue movida del 66 de College St. a esta nueva ubicación. Lovecraft describe en su relato El morador de las tinieblas la habitación que tenía en esta casa:
Blake regresó a Providence en el invierno de 1934-35 y arrendó una habitación en el piso superior de una hermosa residencia situada frente a una plaza casi en la cumbre de College Hill; colindante con el campus de la Brown University y la biblioteca John Hay. Era un hermoso lugar, cómodo, con un jardín
cubierto de césped, habitado por muchos y lustrosos gatos que se entretenían en tomar el sol imperturbables. La construcción era de estilo georgiano, de portal clásico, con escaleras de mármol a
los costados, vidrieras con cristales opacos en forma de rombos, mirador y todos los rasgos de ese estilo tal como fue fijado a comienzos del siglo XIX. En su interior había puertas hasta de seis hojas, enfáticos entarimados, una gran escalera de pronunciada curva, chimeneas pertenecientes al período de Aram y habitaciones posteriores convenientemente situadas a unos tres peldaños por debajo del plano anterior de la casa.
La habitación de Blake era amplia, por un lado daba al jardín y por el otro – precisamente donde Blake había instalado su escritorio – , al oeste donde dominaba la parte superior de la colina. Era el estratégico sitio para disfrutar de una espléndida panorámica de encantadores tejados y magnificentes puestas de sol.
Esta es la casa:
Siguiendo la ruta recomendada por mi libro, en pocos minutos llegué a Prospect Terrace. En tiempos de Lovecraft este parque era mucho más grande y tenía una hermosa fuente. Aquí solía venir a leer y a escribir cartas. Es comprensible, pues desde aquí hay muy buenas vistas de la ciudad. Así lo describía Lovecraft en El Caso de Charles Dexter Ward:
La niñera solía detenerse y sentarse en los bancos de Prospect Terrace a charlar con los guardias, y uno de los primeros recuerdos del niño era la visión de un gran mar que se extendía hacia occidente, un mar de tejados y cúpulas y colinas lejanas que una tarde de invierno contemplara desde aquella terraza y que se destacaba, violento y místico, contra una puesta de sol febril y apocalíptica llena de rojos, de dorados, de púrpuras y de extrañas tonalidades de verde.
Más adelante me encontré con otro de los puntos básicos de la visita. En esta casa también vivió Lovecraft, y fue donde escribió casi todos sus mejores relatos, como La llamada de Cthulhu, En las montañas de la locura o La sombra fuera del tiempo.
A escasos metros se encuentra la Halsey House. Fue construída en 1801 por el Coronel Thomas Lloyd Halsey, y en tiempos de Lovecraft se creía que estaba encantada. Fue usada en su libro El Caso de Charles Dexter Ward como la residencia del propio Charles, el protagonista. Así lo explica Lovecraft en el relato:
Un taxi le condujo hasta su casa pasando por la Plaza del Correo, desde donde pudo vislumbrar el río, el mercado viejo y el comienzo de la bahía, y siguió colina arriba por Waterman Street hasta llegar a Prospect, donde la cúpula resplandeciente y las columnas jónicas del templo de la Christian Science, iluminadas por el sol poniente, despedían destellos rojizos hacia el norte. Vio luego las mansiones que habían admirado sus ojos de niño y las pulcras aceras de ladrillo tantas veces recorridas por sus pies infantiles. Y al fin el edificio blanco de la granja a la derecha, y a la izquierda el porche clásico y los miradores de la casa donde había nacido. Oscurecía y Charles Dexter Ward había llegado a casa.
El libro me guiaba ahora hacia el oeste para después volver al sur por Benefit St. Esta calle parece una de las más destacadas en cuanto a landmarks de Lovecraft se refiere. El primer sitio a visitar fue el cementerio de la Catedral de San Juan. Este cementerio es famoso porque por entre sus tumbas paseaban tanto Edgar Allan Poe como Lovecraft, y casi siempre se les veía por la noche. En el caso de Poe es más lógico, porque muy cerca estaba la casa de su amada, Sarah Whitman. Lovecraft describe así el sitio en una carta a Helen V. Sully el 17 de octubre de 1933:
Sobre el recinto eclesial escondido de San Juan – tiene que haber algún insospechado horror vampírico excavando una madriguera y emitiendo vagas influencias miasmáticas, ya que eres la tercera persona a la que le da mala espina el lugar… siendo los otros Samuel Loveman y H. Warner Munn. Me llevé a Loveman una medianoche, ¡y cuando nos separamos entre las tumbas no pudo estar muy seguro si una débil y oscilante luminosidad sobre una lejana tumba sin nombre era mi antorcha eléctrica o la luz de un cadáver de un origen menos descriptivo! Munn estuvo allí con W. Paul Cook y conmigo, y tuvo un malestar raro e indescriptible y un ciertamente inlocalizable picor que le venía a intervalos a eso de las tres de la mañana. ¡Qué supersiticiosa es alguna gente!
En una carta a Frank Utpatel, fechada el 15 de febrero de 1937, Lovecraft dijo más sobre este cementerio:
Poe conocía este lugar, y se dice que vagaba entre sus sauces susurrantes en sus visitas aquí hace 90 años. Este pasado agosto le enseñé el lugar a dos invitados y nos sentamos todos en una tumba – altar y escribimos rimas acrósticas con el nombre de Edgar Allan Poe…
A escasos metros del cementerio, uno se da de bruces con la que era la casa de la poetisa Sarah Whitman, pretendida por Poe.
Si seguimos por Benefit St. hacie el sur, a la izquierda podemos contemplar la casa en la que Lovecraft se basó para escribir su famoso relato La casa evitada. Estaba abandonada en su época. Así la describe Lovecraft en el relato:
La casa era – en realidad, continúa siendo – de las que atraen el interés de los curiosos. Originalmente granja, por lo menos en parte, tenía el habitual aspecto colonial – de las casas prósperas de tejado puntiaguado de la Nueva Inglaterra de mediados del siglo XVIII, con dos pisos y ático, pórtico georgiano y paredes interiores recubiertas de madera, como dictaba la evolución del gusto en esa época. Estaba orientada hada el Sur y tenía un elevado tejado cuyos dos aleros daban, respectivamente,, a la ladera de la colina y a la calle. Su construcción, de hace más de siglo y medio, se había adaptado al nivelado y al enderezamiento del camino en aquella vecindad particular, pues Benefit Street, llamada originalmente Back Street, se trazó como sinuoso sendero entre los sepulcros’ de los primeros colonos y sólo se enderezó cuando el traslado de los cadáveres al Cementerio del Norte permitió abrir camino a través de los antiguos predios familiares.
Ya para finalizar el largo camino (os aseguro que con el calor que hacía el sudor me había empapado casi toda la camiseta), busqué el edificio Fleur de Lys. Esta casa la transformó Lovecraft en el hotel donde se alojaba uno de los personajes de La Llamada de Cthulhu, Henry Anthony Wilcox. Lovecraft describe esta peculiar casa con su también peculiar modo de descripción:
En su tarjeta se leía el nombre de Henry Anthony Wilcox, y mi tío había reconocido en él al hijo menor de una excelente familia, con la que estaba ligeramente relacionado. Wilcox, que desde hacía un tiempo estudiaba dibujo en la Escuela de Bellas Artes de Rhode Island, y que vivía en el hotel Fleur de Lys muy cerca de esta institución…
Aprovecho para dejar aquí una parte de tan magnífico relato, que por supuesto recomiendo a todo ser viviente que sepa leer. En estos párrafos se centra en describir la forma de una pequeña estatua que el narrador ha encontrado entre los papeles de su tío.
El bajorrelieve era un rectángulo tosco de dos centímetros de espesor y de unos treinta o cuarenta centímetros cuadrados de superficie; indudablemente de origen moderno. Los dibujos, sin embargo, no eran nada modernos, ni por su atmósfera ni por su sugestión; pues aunque las rarezas del cubismo y el futurismo sean numerosas y extravagantes, no suelen reproducir esa críptica regularidad de la escritura prehistórica. Y la mayor parte de los dibujos parecía ser ciertamente alguna especie de escritura. A pesar de mi familiaridad con los papeles y colecciones de mi tío, no logré identificarla, ni sospechar siquiera alguna remota relación. Sobre esos supuestos jeroglíficos había una figura de carácter evidentemente representativo, aunque la ejecución impresionista impedía comprender su naturaleza.
Parecía una especie de monstruo, o el símbolo de un monstruo, o una forma que sólo una fantasía enfermiza hubiese podido concebir. Si digo que mi imaginación, algo extravagante, se representó a la vez un pulpo, un dragón y la caricatura de un ser humano, no traicionaré el espíritu del dibujo. Sobre un cuerpo escamoso y grotesco, dotado de alas rudimentarias, se alzaba una cabeza pulposa y coronada de tentáculos; pero era el contorno general lo que la hacía más particularmente horrible. Detrás de la figura se embozaba una arquitectura ciclópea.
Ahí terminó mi viaje. A pesar de que vi más edificios, pocos tienen que ver tanto con Lovecraft como los que he expuesto aquí. Me guardé el libro y desandando el camino me dirigí a un CVS a comprar una botella de agua. Estaba completamente deshidratado, y los pies me ardían, pero sabía que este día lo iba a recordar durante toda mi vida. Es la segunda vez que estaba en Providence, y me volvía a llevar recuerdos de la vida de Lovecraft. Casi sólo con eso había merecido la pena el viaje al otro lado del charco.
Si queréis saber más sobre este escritor, os recomiendo comprar sus trabajos. La edición que ha hecho Valdemar es fabulosa, y el trabajo de Juan Antonio Molina Foix tanto en documentación como en traducción ha sido, como diría Lovecraft, ciclópeo. Os dejo los enlaces por si queréis entrar en el mundo de de uno de los exponentes de la mejor literatura de terror que ha conocido este planeta.
H. P. Lovecraft – Narrativa Completa I | H. P. Lovecraft – Narrativa Completa II


















Ayer mismo terminé un libro que llevaba leyendo desde primeros de septiembre, y que es uno de esos casos típicos que hace que cambie tu percepción de un autor en particular. Si os digo que Robert E. Howard es muy famoso probablemente no sabríais exactamente por qué, pero si os sorprendo diciéndoos que es el creador de Conan el Bárbaro y de Solomon Kane (próximo estreno en enero del 2010, aunque dicen por ahí que es un bodrio) empezaréis a poneros en situación. Cuando terminé de leer El Señor de los Anillos, jamás pensé que alguien pudiera rivalizar con el maestro Tolkien. Su arte de la descripción detallada, su maestría contando tanto batallas como diálogos, paisajes como sentimientos… definitivamente, era el mejor. Y así, de repente, años después, me encuentro con que Howard es tan bueno como Tolkien, y en algunos apartados quizá lo es más. Howard no sólo escribió relatos fantásticos medievales o ficción histórica. También cultivó el horror, y una recopilación de sus mejores cuentos de terror es lo que me ha traído a mi ordenador a escribir.
Hoy llevo un cabreo cojonudo encima. Me he enterado por