Primer día en San Francisco
- 8
- Add a Comment
Recuerdo mi primer día en San Francisco. Era el primer día de mi vida en Estados Unidos, y el primero también en un país extranjero. Estábamos en el hotel Holiday Inn, cercano a Fisherman’s Wharf. Habíamos puesto el despertador a las 7.30, pero con la emoción del viaje, y tras haber dormido solo 5 horas en 36, nos despertamos a las 7 con mucha vitalidad encima, dispuestos a comernos el mundo. No era para menos. Ese era el primero de los 30 días que pasaríamos en USA recorriéndolo de costa a costa.
Nos duchamos y nos fuimos a comprar el desayuno. El Mosky había perdido la maleta, así que fuimos también a una tienda cercana a comprar calzoncillos, calcetines y esas cosas necesarias para al menos ir tirando hasta que apareciera la maleta. Al final acabamos comprando todos camisetas con motivos de Alcatraz y de San Francisco. Phares se quiso comprar una camisa chillona, amarilla, con palmeras y soles. Decía que quería ponérsela en Las Vegas, para ir con un atuendo acorde. Al final no la compró.
Desayunamos en la habitación y salimos a coger un autobús que nos llevó a Union Square. Por el camino cruzamos por Little Italy y por Chinatown. Ya en Union Square el Mosky fue a la tienda Levi’s para comprarse un pantalón. El menda que le atendió se notaba que llevaba tiempo y controlaba las tallas. Adivinó la del Mosky a la primera. Tras esa compra fuimos a la tienda de Nike, donde yo, al entrar, saludé a uno de los
empleados con mi perfecto castellano. Y nada de un “hola”. Dije “Hola, qué tal, buenos días”. Cuando vi el careto que me puso me di cuenta de que no había entendido una palabra. Phares y Mosky se descojonaron de mí. Para completar la visita en esa tienda, Mosky y yo nos confundimos e intentamos subir por unas escaleras mecánicas que en realidad bajaban. Casi nos caemos…
Pasamos por una Apple Store cercana y compré un cargador para el iPod para el coche. Nos vino de maravilla. Nos dirigimos al centro de turistas a coger unos cuantos mapas. Yo hubiera querido ir a una exposición que había aquel año en la ciudad. Era “Tesoros del Titanic”, y creo que exponían objetos originales rescatados del naufragio. No les dije nada a mis dos concubinos porque sabía que no disponíamos de mucho tiempo. Al salir del centro de turistas vimos a un tío que tocaba una batería hecha con cubos de plástico y ollas. Sonaba MUY bien. Le dejamos una propina.
Decidimos después buscar en un mapa cómo llegar a la parada del autobús que nos llevara a Sausalito. Ya conocíamos la dirección para cuando un tipo negro se nos acercó y nos preguntó si queríamos ayuda. Phares le dijo que sí, y tras confirmar con él que la dirección que presuponíamos era correcta nos pidió pasta por la ayuda. La conversación fue algo así como:
o Tipo Negro: Ahora que os he ayudado, dadme algo.
o Phares: Bueno, toma (dándole 25 centavos).
o Tipo Negro: Yo lo que quiero es papel.
o Phares: No, porque nos has dicho algo que ya sabíamos.
o Tipo Negro: Entonces, ¿por qué me has preguntado?
o Phares: Yo no te he preguntado, me has preguntado tú a mí.
Tras esta última frase, cruzamos la calzada y nos fuimos a por el autobús. Se cagaría en nuestros muertos, seguro.
Ya en la parada del autobús nos pusimos a hablar con dos japonesas. Nos hicimos algunas fotos y nos montamos en el mismo autobús. Ellas se bajaron antes, al principio del Golden Gate, y se quedaron despidiéndose con la mano hasta que las perdimos de vista. Bendita educación japonesa. En Sausalito compramos unas hamburguesas en un sitio reconocido como uno de los mejores del país. Nos sentamos en un parque cercano con vistas a la Bahía y disfrutamos de la hamburguesa como niños.
Decidimos volver a San Francisco cruzando el Golden Gate a pie. Al llegar, fuimos al Pier 39, donde vimos algunos leones marinos. Algunos se peleaban por un sitio en las plataformas, lo que les hacía muy graciosos. Caminamos más tarde al Pier 41, donde tomamos el Ferry de
Alcatraz. Allí nos enseñaron el interior, nos explicaron un poco la historia… y la verdad es que quedamos maravillados. Era el primer “landmark” de Hollywood que visitamos, y nos encantó.
Tras la experiencia, fuimos a cenar. Fue esa noche cuando cenamos en Zarzuela, de cuyo restaurante y lo que pasó allí hablo mucho más en este otro artículo. Tras la cena intentamos tomar una copa en un garito llamado Dry Martini (website), cercano al hotel, pero al Mosky no le dejaron entrar por no llevar zapatos. Fuimos entonces a un garito al otro lado de la calle, donde no tuvimos problema en entrar. Es remarcable que en este sitio, a los diez segundos de entrar una rubia le cogió la mano a Phares y se puso a bailar con él, subiéndole a una tarima y todo. Mosky y yo nos codeamos pensando… joder… qué viaje nos espera.
Llegamos aquella noche al hotel exhaustos. Al tener dos camas dobles, siempre sorteábamos quién dormía solo. Aquella noche me tocó a mí. Dormimos como angelitos, sabiendo que ese había sido solo el primer día de un gran viaje que no había hecho más que empezar…
Álbum completo de fotos | Flickr



