Wildcat

Wildcat

El Wildcat no fue el primer garito de copas donde entramos en Estados Unidos, pero sí fue el primero que nos dejó ver la cantidad de pibones que hay en California. Deshaceos de esos mitos que dicen que las mujeres americanas son en su mayoría trolebuses. Como diría un amigo mío: “¡Los cojones!”.

El Wildcat está en Santa Bárbara (¡coño!, ¡¡si tiene página web!!). Aquella noche cogimos el motel en Carpintería, pero decidimos dar una vuelta. Consultamos el GPS, y nos llevó hasta este lugar. Siendo un miércoles como era, no teníamos mucha esperanza de que hubiera algo abierto… pero nos equivocamos. La entrada al local era chiquitita, pero un cartel de neón sobre la puerta daba a entender que no iba a ser cutre. El puerta nos pidió los “ID” (para saber si teníamos menos de 21 años), y una vez comprobados los pasaportes nos dejó entrar. Nada más entrar, la primera impresión que tuve fue de antro de putas, porque todas las paredes estaban acolchadas en rojo, y muchas de las luces eran del mismo color. No teníamos ganas de salir y buscar otro, y además la música parecía buena, así que nos quedamos. Le pedí a la camarera dos Coronas (en Estados Unidos la Coronita se llama Corona) y una Coke, y nos fuimos junto a una columna donde podíamos colgar los abrigos.

Poco a poco nos fuimos acostumbrando a la decoración del local, y empezamos a observar a la gente. Muchos se conocían, casi todos diría yo. Es como si el Wildcat fuera un local donde vas a tomarte una cerveza con los amigos después de currar. Al principio no había mucha gente, pero después se empezó a llenar. Pero de pibones. Entraron unas cuantas vestidas de pijitas que nos dejaron medio tontos. En especial había una morena con una camiseta como de marinero que además bailaba como una Diosa. Y con ese apodo la dejamos: “La Diosa”. Recuerdo un chaval negro que estaba apoyado en una de las columnas junto a la nuestra. No hacía más que mirarnos cómo bailábamos… y allí estaba, solo con su copa. Pensé que se tenía que estar aburriendo mucho. Un rato después descubrí que estaba bailando con uno de los pibones, y encima dando clases de baile, porque bailaba el cabrón… que la gente le miraba y todo. A destacar el DJ, que empezó a pinchar un rato después de que llegáramos nosotros. Buenísimo. Mezclaba canciones “disco” con una soltura que parecían todas una.

Ese garito nos dio unas cuantas lecciones. La primera fue arrancarnos el tópico de que las mujeres americanas están casi todas gordas. La segunda fue que los americanos tienen mucho gusto al vestir. Yo, que pensaba que me iba a encontrar a la mayoría con chanclas y calcetines, vi que iban bien conjuntados, y encima con ropa muy guapa. La última, y quizá la más importante creo que fue darme cuenta de que la vida en Estados Unidos no es tan diferente de como la imaginaba en España. No somos los únicos que salimos cualquier día de la semana. A los americanos también les gusta la fiesta un miércoles, y el Wildcat me lo dejó claro.

Por desgracia, no sacamos la cámara de fotos aquel día. Os pongo otras significativas. Perdonad la tardanza en actualizar. He tenido jodido internet unos cuantos días.

Llegando a Santa Bárbara

Llegando a Santa Bárbara…

Paco recién lavado

Nuestro coche personalizado, bautizado “Paco”, recién lavado tras pasar por Chowchilla Mountain Road (ya os contaré).



[tags]Santa Barbara, Carpinteria, Wildcat, California[/tags]